Naturaleza

¡Cómo has crecido!

Escrito por Mariana / 26 de agosto de 2009

Existe sobre nuestro planeta una increíble variedad de seres vivos. Entre muchas características, también se diferencian por el grado de desarrollo corporal que alcanzan. Mientras que algunos organismos prácticamente no cambian su apariencia con el crecimiento, otros evolucionan de manera notable.

El cisne cambia su aspecto y tamaño

El cisne cambia su aspecto y tamaño

¿Qué tienen en común una especie de gusano cilíndrico que es una máquina devoradora de hojas, con pequeñas pero poderosas quijadas, con un delicado insecto volador de vivos colores que bebe el néctar de las flores gracias a su trompa en forma de tubo? A primera vista, poco y nada. Sin embargo, hasta un niño de seis años sabe que la oruga y la mariposa son el mismo sorprendente ser vivo, que mediante un proceso biológico complejo realiza una maravillosa transformación. Pero, por supuesto, no todos los animales cambian tanto al crecer.

Cambio de vida

La oruga comienza a vivir su gran cambio cuando deja de producir una sustancia conocida como hormona juvenil. Una vez que se ha formado la crisálida (el capullo que la envuelve) la mayor parte de sus células se rompen para formar una sopa orgánica. A la vez, otros grupos de células se dividen utilizando los químicos liberados por la destrucción de los tejidos. Y son estas células que se dividen las que comienzan a formar los órganos de la mariposa.

Este tipo de animales, cuyo patrón corporal cambia drásticamente con el crecimiento, experimenta una metamorfosis. Las mariposas son uno de los casos más conocidos, pero ciertamente no el único: también sufren de metamorfosis muchos invertebrados así como también los anfibios, como los sapos y las ranas. Al tener más de una forma corporal, estos animales se valen de más de una fuente de alimento y pueden recorrer mayores distancias, aumentando las posibilidades de supervivencia para la especie.

No tan distintos

Existen otras especies de animales que cambian muy poco con el paso del tiempo, ya que su crecimiento se limita a ser un aumento de tamaño y algunas características secundarias. Por ejemplo, la tortuga permanece siempre con la misma figura. Cada uno de sus componentes crece, pero manteniendo siempre una misma proporción. De hecho, cada placa de su caparazón aumenta de tamaño a medida que el animal crece, pero no se desarrollan nuevas placas sino que las proporciones de las mismas se mantienen idénticas durante toda su vida.

De la misma forma, el caracol sí crece, pero no su concha. Lo que se amplía es sólo un extremo de la misma, agregándose nuevas curvas para que el animal pueda ir ocupando el nuevo espacio creado. Los períodos alternados de crecimiento más rápido o más lento van dejando en la concha las bandas características, similares a los anillos que encontramos en el tronco de un árbol.

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