Cibercondría: la nueva patología del siglo XXI

La hipocondría – que se caracteriza por una excesiva preocupación por la salud, acompañada de la creencia y el temor de padecer algún tipo de enfermedad – ha encontrado una nueva variante, que potencia los síntomas: la cibercondría.

Ocuparnos de nuestra salud es un hábito “saludable” que nos ayuda no solo a prevenir enfermedades, sino también a disminuir los impactos de trastornos crónicos. Pero cuando la preocupación por la salud excede los límites de lo razonable nos enfrentamos a la “hipocondría”, en la que la preocupación alcanza límites exagerados y además se instala la convicción de padecer una enfermedad grave, a partir de la interpretación errónea de ciertas señales del propio cuerpo (o mente). Por ejemplo, un hipocondríaco puede convencerse a sí mismo de padecer una enfermedad cardíaca, a partir de una ligera taquicardia (aumento en la frecuencia de los latidos del corazón).

Este fenómeno existe desde hace mucho tiempo. Valga como ejemplo la obra “El enfermo imaginario”, de Molière, cuyo estreno se realizó en al año 1673. Pero en la actualidad, el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación y, especialmente, de Internet, ha hecho posible la aparición de una variante especial de este trastorno, que algunos especialistas han dado en llamar “cibercondría”.

El término fue utilizado por primera vez en el año 2001, por la BBC de Londres, frente a la declaración de varios médicos ingleses que informaron que muchos pacientes llegaban a la consulta médica luego de haber investigado sus síntomas en Internet.

La cantidad de información circulante en Internet y la facilidad de acceso a la misma, hace que muchas personas encuentren un nuevo canal para potenciar la ansiedad que les despierta la convicción de padecer una determinada enfermedad, buscando en forma obsesiva los síntomas que creen tener, en diferentes sitios de Internet. Muchos de ellos pueden llegar, incluso, al autodiagnóstico y a la automedicación. Este es uno de los mayores riesgos. El cibercondríaco no solo busca la información sobre sus síntomas, sino los medicamentos necesarios para su tratamiento.

El otro problema es que en Internet conviven sitios de diferentes calidades de información. Existen sitios como MedLine, que ofrece información médica a profesionales de diferentes especialidades, sociedades científicas, editoriales médicas, instituciones sanitarias y medios de comunicación. Sin duda, la información que ofrece este sitio (u otros similares), facilita el acceso a conocimientos científicos y tratamientos actualizados. Pero del mismo modo que existen sitios de calidad científica como MedLine, también existen otros con diferentes tipos y calidades de información. El cibercondríaco alimenta su ansiedad buscando información en TODOS los sitios, confiables o no.

Pero aún considerando que un cibercondríaco consultara solo los sitios de mayor rigor científico, la cantidad y la especificidad de información que proporcionan puede resultar muy confusa para alguien inexperto. Esta situación genera en el cibercondríaco mayor preocupación, miedo y desconcierto, generando mayores niveles de ansiedad.

Para los expertos, la cibecondría es como una “espiral de pánico”: la persona cree detectar un síntoma en su organismo; se lanza a la búsqueda de información en Internet sobre ese síntoma, información que, en líneas generales, lo confunde y le da nuevos insumos para alimentar la creencia de padecer otros síntomas; a medida que va buscando más información, se van incorporando nuevos síntomas, hasta que la persona termina por realizar su propio diagnóstico.

Arthur Barsky, psiquiatra del Colegio de Médicos de Harvard afirma que, “estos pacientes van a la web y allí aprenden nuevas patologías de las que nunca habían oído hablar y descubren aspectos hasta ahora desconocidos de las viejas enfermedades”.

Posibles terapias

Los especialistas más tradicionales tratan esta patología con Prozac y fármacos similares, muy difundidos especialmente en Estados Unidos. Pero hay una nueva corriente, a la que adhiere Barsky, que opta por la “terapia de comportamiento cognitiva” para curar a los hipocondriacos y ahora, a los cibercondríacos. La terapia consiste en forzar a los pacientes a fijar su atención en los síntomas, a contar sus pensamientos de pánico para, así, intentar controlarlos.

Conclusiones de la cibercondría

Aunque se calcula que solo un 6% de los pacientes afectados por esta patología llega a la consulta médica, se calcula que esta enfermedad afecta a miles de personas en todo el mundo, ocasionando pérdidas anuales que oscilan alrededor de los 20 mil millones de euros, en recursos médicos.

Sin embargo, esta no es la peor parte. La mayor parte de los cibercondríacos no llega a la consulta médica e incurren en el autodiagnóstico y la automedicación.

Internet es la mayor fuente de consulta en el mundo y contribuye positivamente a ampliar los conocimientos en todos los campos. En relación específica a los temas de salud, muchos profesionales médicos consideran que es positivo que las personas quieran saber más sobre las enfermedades que las aquejan. Consideran que es positivo que la población, por ejemplo, pueda tener acceso a información sobre cómo alimentarse mejor o cómo prevenir ciertas enfermedades.

Sin duda, no podemos culpar a la tecnología por los nuevos problemas que ella misma crea. Como casi todo en la vida, la clave está en el equilibrio.

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