Tecnología

El arte de la imprenta

Escrito por Silvia Piccardo / 25 de agosto de 2008

El arte de la imprenta es el que se ocupa de los caracteres y del aspecto de la palabra impresa. Es un arte peculiar porque su objetivo más importante es la utilidad y no la belleza. Por ningún motivo se debe distraer al lector del significado del texto.

La imprenta fue el antecedente más remoto de nuestros superordenadores

La imprenta fue el antecedente más remoto de nuestros superordenadores

La xilografía o arte de imprimir con planchas o caracteres de madera ya se usada en China en el siglo VI D.c. y en Europa a partir del siglo XII. Pero la verdadera imprenta data del siglo XV, en el que Gutenberg de Maguncia, aproximadamente en el año 1436, inventó los caracteres móviles metálicos.

La historia de la imprenta

Es obvio que la unidad y la civilización de un país se ven muy favorecidos cuando existe un sistema unificado de comunicación escrita, que salve las diferencias regionales en la pronunciación y la manera de hablar. El Sacro Imperio Romano bajo Carlomagno daba gran importancia al uso de la escritura común, y todas las lenguas que se formaron en aquellos siglos igualaron su ortografía y sintaxis con la ayuda de la impresión tipográfica.

Además, no se puede perder de vista que el uso de una impresión similar facilita enormemente la comunicación cultural, no sólo entre los individuos, sino entre las naciones. Actualmente estamos acostumbrados a un hecho tan favorable, pero no debemos olvidar lo que supuso el nacimiento de las civilizaciones ni las ventajas de la comunicación clara en nuestros días.

La función de la palabra impresa

La expansión del comercio y la rapidez de la fabricación y de la distribución hacen indispensable la comunicación a grandes distancias de datos exactos e informaciones rápidas. El libro impreso con tipos conocidos, sintaxis uniforme, páginas bien numeradas e igual número de líneas en ellas, hace más fácil la obtención de datos y da autoridad a la fuente de que proviene.

Por ejemplo, en la Europa occidental, uno de los imperativos que hay que tener en cuenta es que se lee de izquierda a derecha y de arriba debajo de la página. En este caso, el impresor debe asegurarse de que quede un espacio cómodo para el ojo entre palabra y palabra y de que los espacios en blanco entre las líneas estén calculados en proporción con los que hay entre las palabras, de modo que el órgano visual no se sienta atraído antes de tiempo por la línea siguiente.

La información, si está bien escrita, sigue un orden de secuencia que debe ser adivinado y expuesto claramente por el tipógrafo, pero nunca interpretado. Un espacio en blanco entre razonable y un encabezamiento adecuado son suficientes para indicar un nuevo capítulo sin que el impresor tenga que recurrir a tinta negra.

Conclusión

Si tomamos libros de diferentes épocas, no tenemos más que echar una ojeada sobre ellos para conocer los gustos y modas de nuestros antecesores. Los grabados nos revelarán las tendencias artísticas de sus impresores, que no hacen más que reflejar el momento histórico. Los moldes, las mayúsculas adornadas, la distribución de los espacios y hasta la calidad del papel nos hablan de la situación por la que atravesaba un país en el momento de ser realizada la impresión.

Fuente: Rincondelvago.com

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