La rutina es el concepto más rechazado por la cultura occidental. Ha sido vilipendiada, enjuiciada y condenada por el tribunal de la inquisición que es la opinión popular. Pero solamente aquellos que transforman la rutina en su mejor análogo, la disciplina, alcanzan la felicidad y la paz interior.
En la cultura occidental, la rutina es el concepto más temido. La sociedad moderna, envuelta en la vorágine de ocupaciones, emociones y pasiones, donde la exaltación de los sentidos parece ser la orden del día, cualquier cosa que atente contra ella es condenada como irracional y restrictiva de la felicidad humana ¿Es realmente así?
Definiciones
El ‘Cervantes. Diccionario Manual de la Lengua Española’ define a la rutina como “hábito de hacer algo sin detenerse a razonar,” y rutinario(a), rutinero(a) “el que piensa o hace algo guiado sólo por la rutina.” Define a disciplina como “regla, sujeción” y también como “arte;” y a disciplinado como “sometido a la disciplina, que observa la disciplina.”
El Diccionario Virtual Larousse define rutina de manera similar: “Modo de hacer las cosas por costumbre y sin pensarlas,” y rutinario como “que se hace por rutina; que actúa por mera rutina; y que resulta aburrido por repetitivo.” Define a disciplina como “doctrina, enseñanza o educación del comportamiento de una persona;” y a disciplinado como “que se comporta conforma a una disciplina.”
La sociedad moderna
Si echamos un vistazo a los sitios web sobre cultura, vida social, sitios juveniles, o también si leemos las más variadas revistas de modas, de la farándula y demás, encontraremos muchas referencias en contra de la rutina, y muy pocas a su favor.
Esta situación se debe, en opinión del autor del artículo, a la misma condición primaria de la cultura occidental. Somos una cultura donde negamos la necesidad de pensar con profundidad, de razonar sobre los misterios de la vida desapasionadamente, donde lo único que importa es el hoy y el ahora. Somos una cultura (y es la situación actual del mundo occidental) donde idolatramos todo aquello que estimule los sentidos, y odiamos o marginamos aquello que nos obligue a renunciar a nuestros gustos.
Dé un vistazo a su alrededor, o mírese usted mismo. Nos gusta la música que hace que nuestro cuerpo se mueva solo. Nos gustan los platos que estimulan el paladar, picantes, dulces, excitantes. Preferimos las modas sensuales, atrevidas. Producimos filmes de acción, violencia, donde las emociones y posibilidades humanas son llevadas más allá de lo creíble. Prefiero evitar el tema de la sexualidad, donde cada vez más se derrumban los tabúes de la lógica, y donde el criterio de “todo vale” viola hasta la misma condición humana.
Por otra parte, las condiciones de la modernidad nos alejan de otras posibilidades. El tiempo libre es un lujo de unos pocos. Debemos trabajar, trabajar y trabajar. Viviendo como vive la mayor parte de la población del mundo occidental, en las grandes ciudades, la situación más común es que el lugar de trabajo esté a varias horas de nuestro hogar, unas veces separados por la distancia; otras, por el tráfico.
Debemos dedicar al menos ocho horas al trabajo, esto si tenemos la suerte de escapar a la necesidad de tener dos o más empleos. Sume a esto al menos dos o tres horas consumidas en trasladarnos desde y hasta el hogar. Adicione a esto las ocho horas que NECESITA nuestro cuerpo para descansar y no enfermarse. Añada una hora más (al menos, aunque generalmente es más) que se consumen en preparar los alimentos, recoger la mesa, bañarse uno y a los hijos si los tiene, además, de dedicar al menos una hora más para ayudarlos a estudiar y orientarlos respecto a asuntos escolares.
¿Qué tiempo le queda? Apenas cuatro horas.
¿Qué fuerzas le quedan? Apenas las necesarias para arrastrarse al sofá frente al televisor, y sin fuerzas, no poder resistir los lúgubres pensamientos que acuden a su mente: la vacuidad de la vida, la carencia de dinero, las cuentas que nos ahogan, la primera, segunda y hasta tercera hipoteca sobre la casa. El seguro médico, el costo del combustible en aumento, la violencia social que amenaza con arrastrar a nuestros hijos, los valores morales que colapsan, corrupción en las esferas política y económica… ¡BASTA YA!
Y nos damos cuentas tristemente que nuestra vida se ha vuelto una rutina, donde nada da placer, donde ejecutamos como autómatas las mismas tareas día a día.
Entonces, en nuestra desesperación, condenamos a la rutina como la culpable de nuestras desgracias y dedicamos el escaso remanente de nuestras fuerzas a vencerla.
Atraídos por los modelos que nos presentan las películas, las propagandas, las series televisivas, los vídeos musicales, el gran emporio, en fin, de la radio y la televisión, comenzamos a buscar emociones fuertes. Unos las buscamos en los bailes. Otros exploramos el mundo de los sabores. Muchos otros van hacia los juegos de computación o videojuegos. Tristemente, otros buscan en las drogas la solución, y quizás en el sexo. Pero todos necesitamos desesperadamente una solución, porque sin ella nos sentimos no como seres humanos, sino como autómatas.
Tags: disciplina, paz interior, psicología, rutina
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