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El doble filo de la rutina – Parte final de 3

Escrito por Nestor Rivero / 1 de agosto de 2008

La rutina es el concepto más rechazado por la cultura occidental. Ha sido vilipendiada, enjuiciada y condenada por el tribunal de la inquisición que es la opinión popular. Pero solamente aquellos que transforman la rutina en su mejor análogo, la disciplina, alcanzan la felicidad y la paz interior.

Hemos contrastado dos formas diferentes de enfrentar la vida. La primera a la manera occidental, una vida orientada a los placeres del cuerpo como escape a la rutina; la otra una vida orientada a la disciplina, donde el darle significado a cada aspecto de la vida hace desaparecer la rutina. ¿Debemos cambiar nuestra forma de pensar, tan arraigada en nuestra idiosincrasia? ¿Hay alguna otra salida?

Buscando un equilibrio

No es mi deber, mi prerrogativa, ni mi facultad, y ni tan siquiera es mi derecho, el ser conciencia de otras personas. La solución al problema de la rutina en nuestras vidas debe ser solucionada por cada persona. Pero sí es permitido el presentar algunas ideas que debe incluir en su análisis.

Dé un significado a su vida

Si debo destacar un defecto en la ciencia moderna, es el desproveer a la vida de significado, de sentido. En la historia de la humanidad ningún otro concepto provocó cambios tan radicales, profundos y adversos, como este. Aún durante el oscurantismo, la vida tenía significado, aún cuando la visión de la mayor parte de las personas sobre el mismo fuera tergiversado.

Teniendo un significado en su vida, usted no se siente perdido o perdida. Sabe si sus acciones responden al mismo o si se está traicionando usted mismo.

Dé propósito a cada uno de sus actos

No voy a repetir el manoseado consejo de buscarse un trabajo que le guste, de trabajar en donde se sienta realizado. Esto es lógico, pero no siempre, y ni siquiera generalmente, posible.

Pero enfrente el trabajo como lo que es. El trabajo es un servicio, es un bien que usted hace para los demás. El propio Jesús dijo: “No he venido para ser servido, sino para servir.” El pensar en el trabajo como algo que hace por los demás, aliviará cualquier pesar que este le cause. Nada hará más bien al hombre o a la mujer que dedicarse a los demás. Con esto, nos olvidamos de nosotros mismos, y créame, la mayor parte de nuestros problemas son irreales, surgen por mirarnos demasiado nosotros mismos.

Quienes nos rodean nos verán diferentes. Las personas que sirven al prójimo (y servir no es actuar por obligación, implica amor hacia la persona servida), son personas TODAS ELLAS amadas. No estoy hablando de servir en una u otra ocasión. Hablo de servir todo el tiempo.

Pero también, el trabajo ha de ser el medio de mantener a su familia. No busque otros medios: el juego, las trampas, los fraudes, no son maneras de mantener una familia, son un recurso garantizado para hundirlas.

Dedíquese a sus hijos, a convertirlos en hombres y mujeres de bien, que amen el servir a la sociedad en que viven. Haciendo esto se sentirá realizado al final de sus años.

A manera de conclusión

Usted puede ver que la rutina es un fantasma. Es una de las peores trampas jamás ideada para destruir la misma naturaleza humana, porque no nos permite enfocar nuestras vidas desde una perspectiva correcta.

Sea usted cristiano, musulmán, santero, ateo, comunista, socialista, humanista, nueva era, sea cual sea la religión, creencia o filosofía que abrace, darle un sentido a su vida y darle un propósito a cada uno de sus actos desterrará la rutina por siempre.

Aún la tarea más sencilla, la más cotidiana: puede ser asearse por las mañanas, lavarse los dientes por la noche, tienen un propósito. Piense en este propósito. Pregúntese por qué debe lavarse cada día los dientes. Pregúntese por qué es importante conservar los dientes naturales, cuando existen hoy los implantes que no se corroen ni dan dolor de muelas y nos permitirán exhibir una sonrisa a lo Julia Roberts o a lo Tom Cruise. Cuando se bañe, piense en lo maravillosamente diseñado que está su cuerpo, cómo funciona a la perfección, y cómo logra sobrevivir durante tantos años a nuestros desmanes y maltratos. Ámese no por quien es (que en muchas ocasiones nos hará sentirnos decepcionados) sino por lo que podemos llegar a ser.

Y la próxima vez que alguien le diga: usted existe por azar, usted está aquí fruto de la casualidad, abrácele, mírele con amor a los ojos, y dígale: no. Existo en este mundo y ahora porque nadie más que yo, en este instante, le podía abrazar y decirle que le quiero.

Estamos aquí para amar, y amando, ser amados.

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