Hacer un viaje de placer al espacio exterior todavía no es una realidad cotidiana. Sin embargo, el turismo espacial existe, y ya ha contado con algunos pioneros que –varios millones de dólares de por medio- se han atrevido a asomarse a los misterios del cosmos.

El turismo espacial es una realidad
El primer turista
Hacia fines de la década del 90, la compañía MirCorp –un emprendimiento privado que estaba a cargo de mantener la estación espacial Mir- comenzó a buscar turistas espaciales potenciales que quisieran visitarla a cambio de mantener algunos de sus costos de mantenimiento. Así fue como apareció en escena Dennis Tito, un empresario americano cuyo nombre pasaría a la historia como el del primer turista espacial. Efectivamente, Tito se transformó en el primer ser humano en viajar al espacio sin motivos científicos. Para ello, pagó la friolera de 20 millones de dólares.
Finalmente, no visitó la estación Mir, que se volvió obsoleta y se desmanteló, sino que viajó, en abril de 2001, a la Estación Espacial Internacional a través de la compañía norteamericana Space Adventures, a pesar de las objeciones que puso la NASA.
Los seguidores
Hasta la fecha, ocho han sido los turistas espaciales, que permanecieron en órbita entre 9 y 15 días cada uno. A Tito lo siguió el sudafricano Mark Shuttleworth, quien se hizo millonario en el negocio de la informática. El tercero fue Gregory Olsen en 2005, y la cuarta (que también pasó a la historia como la primera turista espacial mujer) fue la iraní americana Anousheh Ansari. Todos ellos han pagado grandes fortunas por ver la Tierra desde arriba: en efecto, las compañías que ofrecen viajes al espacio lo hacen por costos elevadísimos, que varían entre 81 mil euros por un rápido viaje suborbital y 100 millones de euros por dar una vuelta alrededor la luna. Sin embargo, es de esperarse que con los años y el desarrollo de las nuevas tecnologías, viajar al espacio no sea solamente una alternativa para pocos.
Las pruebas médicas
No cualquiera está en condiciones de viajar. Para ello, hay que sortear una serie de pruebas médicas similares a las que se le hacen a los astronautas. Por ejemplo, pruebas de esfuerzo –electrocardiogramas, electroencefalogramas y demás-. También se evalúa la capacidad pulmonar, se hacen radiografías de tórax, estudios de agudeza visual y presión ocular, así como también se realiza una audiometría. Sólo cuando se sortean con éxito todos estos estudios, el turista está en condiciones de comenzar su práctica con un simulador de vuelo.
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