Bioelectricidad

Un artículo sobre el papel de la electricidad y el magnetismo con el desarrollo de los seres vivientes. La electricidad la usamos diariamente y es el recurso más importante hoy en día. Utilizamos la energía eléctrica para bombear agua en nuestros edificios, iluminar la noche, conservar y cocinar nuestros alimentos, informarnos y entretenernos.

Pero nuestra relación con la electricidad es más antigua y profunda de lo que parece, y me estoy refiriendo a la bioelectricidad.

Energía vital

La bioelectricidad es vital para que sigamos vivos. En el siglo 18, el científico italiano Galvani demostró que los músculos del cuerpo responden a estímulos eléctricos. Nuestro cerebro emite impulsos eléctricos a través de los nervios, los cuales hacen que los músculos respondan con movimiento, incluyendo al corazón.
Una enfermedad cardíaca común es la fibrilación ventricular. Las diferentes partes del corazón laten a destiempo, y el tratamiento más efectivo consiste en aplicar electricidad al corazón. El choque eléctrico detiene ese caos hasta el siguiente ciclo, que es instantáneo, y se puede decir que «reinicia al corazón».

Nuestro cerebro también depende de la bioelectricidad. Las neuronas forman una red que asemeja a un complejísimo tendido eléctrico. Los pensamientos, recuerdos, todo lo que se lleva a cabo en el cerebro se logra con combinaciones de impulsos eléctricos con reacciones químicas. Esa electricidad se genera mediante el desplazamientos de sales cargadas, mejor conocidas como iones.

Electro-peces

Todos los seres vivos, incluyendo plantas, generan campos electromagnéticos. Esos campos son mucho más fáciles de detectar bajo el agua que en la superficie, gracias a la conductividad eléctrica que el agua ofrece. Muchos animales marinos desarrollaron órganos especializados para aprovechar esto.

Los que pueden recibir señales eléctricas, llamados electroreceptivos, tienen la capacidad de detectar cambios de voltage bajo el agua. Los tiburones son famosos por eso, y esa habilidad les permite cazar peces ocultos bajo la arena como las rayas. Los barcos al desplazarse por el agua forman esos cambios de voltage, que al ser mucho más potentes que los de las presas normales, atraen tiburones a kilómetros de distancia.

La otra clase de pez eléctrico es el que genera electricidad. El ejemplo clásico es la anguila eléctrica, que posee un órgano eléctrico donde millones de células llamadas electrocitos provocan descargas de varios voltios. No solo utiliza éste órgano para aturdir a la presa, también lo utiliza como método de comunicación y detección, habilidad que comparte con peces con órganos eléctricos más débiles.

Magnetismo animal

Otro aspecto interesante de la bioelectricidad es el biomagnetismo. Muchos animales, especialmente las aves y las tortugas marinas, emigran a lo largo de sus vidas. Recorren miles de kilómetros en linea recta a su destino, como si alguien les apuntara el camino. Estos animales sienten el campo magnético de la Tierra, el cuál les sirve de brújula.

En el caso de algunas especies de tortugas marinas, es tan preciso este «sentido magnético» que pueden reconocer la firma magnética específica del lugar donde nacieron, y por ello vuelven siempre a ese lugar a desovar. Lamentablemente, cazadores ilegales aprovechan esta conducta tan infalible de las tortugas para capturarlas y venderlas como mascotas exóticas.

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