Es lo que sugiere un reciente descubrimiento del equipo científico del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA), que divisó en el marco de la Vía Láctea un extraño cuerpo celeste, cuyo comportamiento contrasta abiertamente con el que habitualmente se ha observado en objetos de su tipo.
El extraño objeto ha sido denominado SWIFT J195509+261406, y manifiesta características que lo transforman en un fenómeno único. En sólo tres días, el supuesto cuerpo celeste fue detectado a través de una emisión en rayos gamma, comprobándose un total de cuarenta erupciones. Once días después, solamente produjo una pequeña erupción observable en el infrarrojo y luego, misteriosamente, desapareció.Considerando lo que pueden explicar los científicos responsables del centro andaluz, se trataría de un objeto que se ha mantenido en estado de hibernación e inactivo durante muchos años, para posteriormente registrar actividad por unos cuantos días, como si mágicamente se hubiera despertado para cumplir una misión especial…
Brillos que se apagan
Los expertos creen que se trata de un magnetar con presencia en nuestra propia galaxia. Justamente, los magnetares son estrellas conformadas por neutrones jóvenes y que poseen un campo magnético muchas veces superior a la media de otros cuerpos. Los mismos se originan luego de la explosión de una estrella de grandes dimensiones.
Una vez concretado dicho estallido, la mencionada “súper estrella” se transforma en un objeto con forma esférica de algunos kilómetros de diámetro, girando a gran velocidad sobre su propio eje. De esta manera, al igual que un imán en rotación, gesta un fuerte campo magnético.
Así nacen los magnetares, que sin embargo pueden quedar inactivos durmiendo en su energético sueño durante décadas. En algún momento, gracias la actividad magnética desplegada, crean erupciones de gran poder, emitiendo incluso un potencial energético similar al del sol durante extensos períodos, que alcanzan los mil años.
Un caso único
De acuerdo a las teorías desarrolladas sobre estos extraños cuerpos, se cree que las erupciones se hacen más separadas con el correr del tiempo, a la par del “envejecimiento” del magnetar. El descubrimiento mencionado permite conocer empíricamente un caso ubicado entre los magnetares jóvenes, que manifiestan una constante erupción, y las estrellas ancianas de neutrones, que ya casi no registran actividad. Teniendo en cuenta esto, el J195509+261406 sería un ejemplar perdido en el medio de la secuencia evolutiva de ambos tipos de cuerpos.
El avistamiento se ha concretado gracias al trabajo de un grupo de 42 investigadores, que bajo la supervisión del Instituto de Astrofísica de Andalucía también ha registrado la participación de especialistas del Instituto de Astrofísica de Canarias. Las observaciones realizadas, que han permitido llegar a los análisis indicados, se han concretado gracias a ocho telescopios de gran poder.
La conclusión obtenida por el equipo es que resulta imprescindible llevar a cabo una observación detallada tanto en rayos X como en el óptico del cuerpo J195509+261406, con el objetivo de definir en forma concreta su naturaleza, ya que hasta el momento sólo se manejan suposiciones. Sin embargo, al tener en cuenta el extraño comportamiento del objeto, los expertos creen que habrá que esperar varios años para poder observarlo nuevamente en actividad. En consecuencia, el misterio quedará abierto…
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