El continente africano ha sido historicamente escenario de disputas y conflictos entre, paradójicamente, no africanos. Los europeos tuvieron su fuerte incidencia a partir de los siglos xv y xvi, con su política expansionista.
Afirma Pierre Bertaux en su libro “África: Desde la prehistoria hasta los Estados actuales”, que en la historia de este continente existen tres grandes momentos: el primero marcado por el desecamiento del Sahara, que permitió que las razas negras se dispersaran por el continente; un segundo momento signado por la divulgación del Islam, que se extendió a través del Sahara, el valle del Nilo y el mar Rojo; y un tercer momento con la llegada de los europeos al continente.Política expansiva
Durante los siglos XV y XVI se desarrolló un intensa política europea de expansión de sus influencias, que mostró varias aristas, entre ellas la lucha contra los árabes, la difusión del cristianimo a través de las Cruzadas y la reconquista de la Peninsula Ibérica. En última instancia, los europeos tenían el objetivo de quebrar el monopolio comercial de los árabes y abrirse un camino hacia el oriente y sus riquezas como la seda y algunas especias muy apreciadas en Europa. En virtud de esta meta debían lograr abrirse una ruta que los llevara directamente al Oriente, la Ruta de las Indias.
En rigor, esta Ruta debía ser una que no estuviera gobernada por los árabes, de poderosa influencia en la zona, y a los que había que pagar tributo por pasar. Los navegantes y comerciantes europeos sospechaban que se podían bordear las costas sur del continente africano, y existía alguna idea de que más allá de lo que se conocía del Atlántico podía encontrarse tierra firme, es decir, una conexión con el oriente. Sin embargo, las historias y mitos acerca de la peligrosidad del mar, de sus altas olas y tormentas y de los terribles monstruos que lo habitaban, influían negativamente en la exploración.
Enrique el Navegante
Los primeros en lanzarse a la exploración de las costas africanas fueron los portugueses, de la mano de Enrique de Portugal, luego conocido como Enrique el Navegante. Para pasar evitando las rutas controladas por los moros, Enrique concibe una ruta bordeando el continente por el Océano Atlántico, intentando asegurar escalas en islas que se encuentran a lo largo del litoral africano. Siguieron años, desde 1420 hasta la muerte de Enrique, en 1460, de intensa exploración y de asentamiento en islas en la costa africana. A su muerte, sin embargo, las expediciones no cesaron, pues Enrique había logrado inspirar un espíritu aventurero y de conquista en otros navegantes portugueses.
El propósito de los portugueses no era conquistar tierras, sino ganarse un paso, una ruta que habilite el intercambio comercial con oriente. Por ello hicieron un gran esfuerzo por ocupar islas, que permitan tener bases para hacer escalas en sus rutas. Se puede afirmar, entonces, que en un principio la incidencia europea en África buscaba primordialmente fines comerciales, aunque con el tiempo los portugueses, holandeses y demás navegantes europeos fueron afianzando posiciones en el continente. En la próxima entrada veremos lo que ha sido la sombra del continente africano por siglos: la trata de esclavos.
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