Además de nacer, crecer y desarrollarse, los seres vivos tienen que cumplir con una importantísima función: reproducirse. En efecto, sin la reproducción, la especie se extinguiría. Pero no todas las criaturas realizan esta función del mismo modo.

Reproducirse es la cuestión
Los seres humanos hemos llevado a la ciencia a límites insospechados buscando descendencia. Y no es para menos. Nada en el mundo viviente se mantiene por siempre: estamos destinados a envejecer y morir, desde el más diminuto organismo unicelular hasta el más soberbio animal que se alza sobre sus dos patas y domina la Tierra (nosotros, por supuesto). Esta pérdida constante de seres vivos se compensa con la reproducción.
Hagámoslo simple: la reproducción asexual
Es la manera más sencilla que encontró la naturaleza para que los seres vivos se repliquen: haciendo copias de sí mismos. Los pastos de una pradera no requieren de semillas ni de flores: sus tallos se arrastran por debajo del suelo para hacer brotar nuevas plantas, con las mismas características que sus progenitoras.
Los seres unicelulares se reproducen con el proceso de mitosis, el mismo por el cual nuestras células pueden copiarse a sí mismas. Incluso hay algunas especies que pueden reproducirse tanto de forma sexual como asexual: las anémonas marinas, por ejemplo, al dividirse en dos mitades. La simplicidad de la reproducción asexual se basa en que sólo requiere un agente.
De a dos: reproducción sexual
La reproducción sexual es más complicada, pues requiere de la interacción de dos individuos (macho y hembra, o bien organismos con ambos sistemas reproductores como son algunas plantas). Pero, en comparación, plantea una ventaja evolutiva muy importante: la mezcla de genes de ambos padres hacen de cada individuo un ser único, capaz de adaptarse en condiciones de vida adversas que terminarían catastróficamente con la especie si todos los descendientes fueran iguales. Dado un cambio en el ambiente, con distintos juegos de genes existen más posibilidades de que al menos algunos individuos sobrevivan. Ésta es la clave de la selección natural y la evolución.
Existen muchísimas posibilidades para la reproducción sexual. Hay especies que se aparean de por vida, y otras que encuentran un compañero distinto para cada celo. Hay animales que dan a luz cachorros vivos (los mamíferos), otros que nacen de huevos. También varía considerablemente el rol de los machos: mientras que en algunas especies su participación en la reproducción se limita a fecundar a la hembra, también existen en la naturaleza complicados sistemas familiares en los que el macho colabora activamente con el cuidado de las crías. Este último es el caso del pingüino emperador, que incluso incuba el huevo mientras la hembra merodea.
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[...] que ha influido en el parecer de Louis es el hecho desconcertante de que las células rojas parecen reproducirse en temperaturas de ciento veintiún grados centígrados, mientras que en temperatura ambiente [...]