Las aves, especialistas en cuántica

Un estudio ha descubierto como las aves utilizan el campo magnético terrestre para orientarse al migrar, algo que se presuponía desde hace mucho tiempo pero que aún no había podido explicarse científicamente.

Mecanismos cuánticos, es decir, reacciones que se producen a escala subatómica, al nivel de las partículas, parecen ser los responsables de dicho comportamiento.

Un mundo invisible

Que la física cuántica está cambiando radicalmente los paradigmas científicos en todas las disciplinas es una realidad insoslayable. También lo es que se ha transformado en una moda, con todo lo bueno y lo malo que eso conlleva. Yendo a los puntos positivos, es posible apreciar como la perspectiva cuántica ha arrojado luz sobre cuestiones anteriormente no advertidas por la ciencia.

En ese camino, el estudio del mundo de las partículas subatómicas ha permitido descubrir, o por lo menos comenzar a entender en mayor detalle, como las aves se orientan al volar en el momento de migrar, un fenómeno que ocupa a la ciencia desde principios del siglo XIX.

El problema principal en esta cuestión era conocer como las aves podían emplear el campo magnético terrestre para lograr orientarse. Últimamente, varias investigaciones simultáneas han llegado a la conclusión que las partículas subatómicas de las retinas de las aves, un campo magnético débil e iones inestables actuarían en conjunto para provocar una señal química concreta que guiaría a los pájaros en su destino.

El efecto Zeno

De acuerdo al físico Iannis Kominis, del Departamento de Física de la Universidad de Creta, el mencionado mecanismo sería posible gracias a un efecto cuántico denominado Zeno. Este fenómeno estaría íntimamente relacionado con la cuestión del papel del observador como creador de la realidad, uno de los postulados más controversiales y revolucionarios de la física cuántica.

¿Cómo funciona el efecto Zeno? Sencillamente, al realizar distintas mediciones en un sistema cuántico, si se observa de forma continuada una partícula inestable, esta no cambiará de estado mientras la observación se mantenga. El campo magnético terrestre y los iones de la retina de los pájaros actuarían en forma similar.

Así, cierto comportamiento de los electrones se alargaría en el tiempo más allá de lo normal, provocando una coherencia a nivel cuántico más perdurable. Esto permitiría potenciar el mecanismo sensorial que permite a las aves orientarse en largas distancias, a través del reconocimiento del campo magnético terrestre.

De confirmarse definitivamente esta hipótesis, podría argumentarse en consecuencia que las aves están dotadas de una suerte de sensor cuántico, cuya utilidad radicaría en poder descifrar los comportamientos del magnetismo terrestre.

Visión aérea

Al mismo tiempo, científicos de la Universidad de Oldenburg, en Alemania, pudieron concluir en un estudio de raíz biológica que las aves poseen en sus cerebros funciones específicas que les permiten observar y comprender el campo magnético terrestre.

Estas investigaciones, claramente ligadas con el hallazgo de Kominis, establecieron que durante el momento del vuelo, en relación a la orientación magnética, el área del cerebro de las aves ligada a la visión se mantenía completamente alerta, funcionando con toda su capacidad. En cierta forma, esto podría indicar que existe un manejo consciente del campo magnético y que el vuelo se concreta bajo parámetros precisos.

Conclusión

Para finalizar, puede decirse que el estudio del mundo subatómico en el funcionamiento de la naturaleza posee ribetes y derivaciones que hoy aún ni siquiera podemos imaginar. Específicamente en este caso, ha servido para comenzar a entender el mecanismo real de orientación en vuelo de las aves, un tema que venía interesando a la comunidad científica desde un buen tiempo a esta parte.

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