En tiempos de sequía y malas cosechas, crear lluvia ha dejado de ser un sueño para convertirse en una realidad. Evitar el granizo, apagar incendios e incluso limpiar las calles son sólo algunos de los diversos fines para los que se ha utilizado la provocación de lluvia en los últimos años. Se busca cómo modificar artificialmente el tiempo, una linea de investigación ansiada por muchos y cuestionada por otros, que piden que la acción humana no se interponga al curso de la naturaleza.

Provocar lluvia es una realidad
Elegir la nube
El mecanismo es sencillo. Consiste en lograr el crecimiento acelerado del tamaño de las gotas de agua de las nubes para que, debido a su peso, precipiten. Pero no todas las nubes son adecuadas para el proceso, aquellas en las que este método resulta más eficaz son las llamadas cumulonimbos (típicas en mal tiempo y tormenta)
En las nubes frías (aquellas que se encuentran por debajo de los 0ºC), los agentes precipitadores más utilizados son el hielo seco y el yoduro de plata, éste último utilizado por Israel. Basta con pulverizar la parte inferior de la nube con uno de estos dos compuestos desde aviones bimotor para que se creen así más gotas de las que se formarían sin él, crezcan debido a los movimientos de aire dentro de la nube y caigan en forma de lluvia.
En el caso de las cálidas, se utilizan núcleos formados por sal o agua, para provocar el aumento de la condensación en la nube y provocar así la aceleración de la precipitación. Según los estudios realizados, esto aumentaría en un 18% las precipitaciones sobre la zona elegida para realizar el proceso.
Lucha contra el granizo
Estas técnicas no son desconocidas para los agricultores. Son muchos en todo el mundo, incluidos los españoles, los que desde hace años emiten yoduro de plata desde la tierra mediante estufas en las que queman este compuesto, con el fin de disminuir el tamaño de las partículas de hielo y evitar así el granizo y las consecuentes pérdidas que éste supone para sus cosechas.
En algunos casos, como en Aragón, cuentan con subvención pública. Cataluña abandonó en 2005 el apoyo público porque “científicamente no está comprobado que funcionen”, según afirmó la Generalitat. Sin embargo, no prohibió su uso aunque sí eximió a los agricultores de Lleida de pagar un canon de ocho euros anual.
A pesar de los progresos, la lluvia artificial no garantizaría la recuperación de zonas desérticas ni la regeneración total de los embalses en épocas de sequía. Carlos Yagüe Anguís, profesor titular de la Universidad Complutense de Madrid en la Facultad de Física y especialista en micrometeorología afirma que “estas técnicas, en el mejor de los casos, pueden incrementar la precipitación de una localidad hasta un 10-20%”
Lluvia multiusos
Pero la lluvia artificial no sólo se utiliza para paliar los efectos devastadores de la sequía o el granizo. China es quizá el mejor ejemplo del uso cada vez más diverso de la siembra de nubes. En Mayo de 2005 apagó un incendio que arrasó 8.300 hectáreas de bosque en el norte del país mediante la lluvia artificial, como poco después hicieron también Malasia e Indonesia para combatir los devastadores incendios de la isla de Sumatra.
Un año después, en abril de 2006, Pekin se cubría de arena proveniente del desierto de Gobi debido a unas fuertes tormentas. Ante los problemas de sus ciudadanos para salir a la calle y el aumento de problemas respiratorios, especialmente en ancianos y niños, el Ayuntamiento decidió recurrir a la creación de lluvia.
Pero, el uso de estas técnicas por parte de China llega incluso al terreno festivo. El Ayuntamiento de Pekín llegó a prometer que evitaría que lloviera en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de 2008, bombardeando las nubes los días previos. Este anuncio viene a recordar la leyenda de la Plaza Roja de Moscú, en la que se dice que nunca llueve durante las celebraciones de Mayo, y que muchos relacionan con el uso del yoduro de plata.
Tags: agua, cambio climático, Lluvia artificial, sequía
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