Historia|Historia > Personajes

Luis II de Baviera: Un rey loco en un castillo de cuento

Escrito por María Duque / 21 de agosto de 2008

Luis II de Baviera ha pasado a la hitoria por sus excentricidades, por su pasión por Wagner y por la construcción de castillos impresionantes, uno de los cuales sirvió de inspiración a Disney para crear el de la Bella Durmiente.

La historia está llena de leyendas sobre los reyes. Muchas veces, las condiciones extrañas de sus vidas contribuyen al engrandecimiento de las leyendas que se crean sobre sus vidas.

Es el caso de Luis II de Baviera, que ha pasado a la historia como el “rey loco”.

Una vida rozando la locura

Luis II de Baviera (1845-1886) fue hijo del rey Maximiliano II de Baviera y de María de Prusia. Durante su vida, recibió una firme educación, en la que tenía una gran importancia el ámbito artístico. Quizá por ello, desarrolló dos pasiones, que se convirtieron casi en obsesiones: la música de Richard Wagner y la construcción de grandiosos castillos.

A pesar de la admiración que sentía por el músico, tras múltiples intrigas palaciegas contra el músico y el rechazo hacia él de toda Baviera, Luis II tuvo que ceder a las presiones y acompañar a Wagner hasta la frontera de sus dominios, no sin antes prometerle que sería “suyo hasta la muerte” y que sufragaría todos sus gastos. Con el tiempo, la necesidad de estar junto a Wagner le llevó a plantearse la abdicación, aunque no llegó a hacerlo.

Luis II se prometió con la princesa Sofía de Baviera, su prima, con la que anuló el compromiso después de aplazar la boda en varias ocasiones.

La muerte de Wagner: el principio del fin

Tiempo después, el 13 de febrero de 1883 Luis II recibió una noticia desoladora: Wagner había muerto en Venecia. A pesar de los roces que habían existido entre ambos en los últimos tiempos, la pasión que el monarca sentía por Wagner seguía viva.

Los tres años siguientes, Luis II vivió en la más absoluta soledad, hasta que murió. La familia del rey consideró que debía ser internado en el castillo de Berg y someterse a un tratamiento, ya que su carácter era, según ello, resultado de una enfermedad mental que hacía imposible que siguiese gobernando.

Curiosamente, quien le sucedió en el trono (aunque solo nominalmente) fue Otto, su hermano menor, que sí estaba realmente loco, y cuya demencia profunda le mantenía internado en el castillo de Furstenried, a las afueras de Munich.

Tres días después de ser recluido, el 13 de junio, el rey murió ahogado en el lago Starnberg. Su muerte resultó muy extraña, ya que Luis II era un gran nadador. Junto a él, apareció muerta Gudden, su psiquiatra. Existen muchas dudas sobre la muerte del ey. Aunque la versión oficial fue el suicido, hay quien ha afirmado que Luis II pudo acabar con su médico y después con su vida.

Como ocurre en estos casos, se ha especulado mucho sobre la muerte del rey. Otra hipótesis apunta que pudo ser asesinado por los poderes de Baviera o Alemania, ya que solía criticar la política oficial y la casa imperial.

Sea como sea, lo que está claro es que Luis II fue un rey inconformista, cuya sensibilidad artística y su homosexualidad hicieron de él un monarca excéntrico que vivió fuera de su tiempo.

El rey que vivió en un castillo de cuento

Luis II mandó construir cuatro maravillosos castillos: el de Neuschwanstein; el de Linderhof, el único que vio terminado en vida; el de Herrebchiemsee y el de Hohenschwangau.
El castillo de Neuschwanstein, está en la ciudad de Füssen, a 132 kilómetros al suroeste de Munich. Se decoró con pinturas de temática wagneriana, y solo 14 de las 360 estancias del castillo llegaron a completarse en vida del rey.
Sin duda, este era su castillo preferido, y sirvió de inspiración a Walt Disney para construir el castillo de La bella durmiente, en Disney Land.

Tags: , ,

No hay comentarios

Aún no hay comentarios. ¿Quieres dejar un comentario?

Deja un comentario