Un estudio liderado por Virginia Walter, profesora de Biología de la Queen’s University, revela que los seres humanos nos encontramos más relacionados con los saltamontes que con los insectos más desarrollados, como moscas y polillas.
Cuando era pequeño, no era raro que nos achacaran motes, nombretes, apelativos, o como prefiera usted llamarlos. Estos eran a veces denigrantes, en otras ocasiones solamente alusivos a características personales.
¿Nunca les pusieron apodos?
Con mucha frecuencia sufría que me gritaran ¡cuatro-ojos, fondo de botella! a causa de los espejuelos que tenía que usar, pues sufro de miopía avanzada. Yo no me quedaba callado, y respondía ¡espagueti; bola ‘e manteca, macaco! según fuera el burlón de turno. Aún recuerdo la ofensa más grave que inventó mi (en ese entonces pequeñito) hermanito menor, quien en su cándida inocencia, cuando se enojaba, nos gritaba tartamudeando de indignación a los más grandes ¡Gordo de yema de huevo!
No eran raros los apelativos a animales, y abundaban los cara de caballo, cuello de jirafa, guacarnaco, y el ya mencionado macaco, y no precisamente por el color de la piel. Pero lo que no recuerdo nunca es que a nadie le hubieran dicho: ¡saltamontes! La única persona sobre quien conozco tal apelativo fue sobre el protagonista de la antaño popular serie Kong fu, protagonizada por Carradine, para la que fuera entrenado por el legendario Bruce Lee. En esa serie, los maestros llamaban cariñosamente saltamontes (grasshoper, en inglés) al protagonista en su infancia.
Pues prepárese, porque aún lo harán
¡Y ahora, después de viejo, vienen a decirme saltamontes! aunque no así exactamente, pero algo similar es lo que sentí cuando leí una increíble noticia, que en cierto sentido estábamos más emparentados con los saltamontes que con otros insectos mucho más evolucionados. No se desespere, que ya le explico.
Desde un extraño punto de vista en la evolución, los seres humanos nos encontramos más relacionados con los simpáticos saltamontes que con los insectos más desarrollados, como las moscas y las polillas (en estos momentos no sé si alegrarme de ello), como mostró un estudio liderado por la profesora de Biología de la Queen’s University, Virginia Walter.
Este sorprendente hallazgo arroja luz sobre la forma en que la vitamina A (cuyos precursores, llamados carotenoides, se hallan normalmente en los vegetales de color verde oscuro y amarillo) ayuda al crecimiento de los huesos humanos, así como interviene también en otros procesos cruciales para el desarrollo. Pero esta importancia de la vitamina en el desarrollo embrionario parece haberse conservado desde tiempos muy antiguos a través del proceso evolutivo, y no solamente para los mamíferos.
El ácido retinoico, un derivado de la vitamina A esencial para el desarrollo visual, de los huesos y de los tejidos del cuerpo de los seres humanos, ayuda directamente al crecimiento del embrión enlazándose a los receptores proteicos que se anclan al ADN y permiten que los genes sean expresados. La proteína receptora encontrada en los humanos luce muy diferente a la de los insectos más evolucionados, como las moscas y las polillas, las que se emplean comúnmente en el trabajo experimental a causa de su rápido desarrollo.
¡Hermano saltamontes!
Sin embargo, como aprendió el equipo de investigaciones para su sorpresa, los receptores proteicos encontrados en los primitivos saltamontes parecen ser casi idénticos a los de los seres humanos.
Shaun Nowickyj fue capaz de aislar la proteína del saltamontes por primera vez, y determinó que sin dudas debía enlazarse con el derivado de la vitamina A: esto no ocurre en los insectos más evolucionados. Esos, en cambio, han seguido un camino evolutivo diferente y están usando una forma modificada de esta misma proteína para un propósito especializado: para ayudarse en la metamorfosis, acotó la especialista. “Ellos son los ‘rebeldes’ haciendo las cosas en una manera diferente, en tanto que humanos y langostas han retenido el primitivo mecanismo para el desarrollo.”
¿Me sentiré ofendido?
Realmente, no sé que hacer, si molestarme porque me han dicho que me parezco más al saltamontes, o porque me han dicho (sutilmente) que soy un primitivo troglodita.
Nada de ello.
Ahora debo de irme corriendo, mi hermano saltarín me espera entre las hierbas del patio, y hemos concertado una fiesta en familia. ¡Buen cereal les deseo este día!
Tags: acido, ito, receptor proteico, retinoico, saltamontes, semejanzas, vitamina A
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