Naturaleza

Principios activos vs. Fitocomplejos – Parte 1 de 3

Escrito por Nestor Rivero / 7 de agosto de 2008

Desde el origen mismo de la humanidad, las plantas medicinales han contribuido a nuestro bienestar. Con el surgimiento y desarrollo de la industria farmacéutica, caracterizada por el empleo de principios activos como agentes terapéuticos, las plantas medicinales cayeron en el olvido en las naciones del mundo occidental. Pero los avances logrados en materia de normativas y estandarización de plantas medicinales, así como el descubrimiento de los fitocomplejos y sus ventajas, han revertido esta situación. Hoy, los productos naturales derivados de las plantas, correctamente estandarizados, pueden ser la primera opción terapéutica frente a un sinnúmero de afecciones.

Desde el comienzo de la historia, el hombre se ha valido del reino vegetal para sus más disímiles necesidades. Las plantas nos han aportado vestiduras, alimentos y refugio. Con ellas confeccionamos herramientas y utensilios, y alimentamos al fuego que nos mantuvo calientes y a salvos de los depredadores durante miles de años.

Con plantas también se han preparado remedios medicinales, para recuperar la salud perdida, como antídoto contra venenos. Todos, una que otra vez, hemos echado mano de algunos de los remedios de la abuela para aliviar un resfriado aquí, bajar una fiebre allá.

Antigüedad de los remedios herbales

Los remedios herbales con plantas medicinales, de herboristería, provienen de antaño y se han transmitido de generación en generación, cambiando según el lugar, el clima y las especies vegetales que estaban a nuestra disposición.

En el escrito más antiguo que se conoce, la Epopeya de Gilgamesh, se hacen referencias a algunas plantas empleadas con objetivos médico-mágicos. Los escritos védicos, a los que se la tradición le atribuye más de 3000 años de antigüedad, abundan las recetas medicinales basadas en plantas principalmente. En los primeros escritos chinos también. Abundan las referencias a los remedios herbales entre los jeroglíficos egipcios. Y aún en el Popol Vuh.

De los pueblos y culturas antiguas hemos heredado el maravilloso arsenal de plantas medicinales, y los conocimientos necesarios para su uso, alcanzados por el método de ensayo y error durante cientos y quizás miles de años.

En busca de efectividad

Desde que los árabes inventaron la destilación del alcohol en la antigüedad, se percataron de que existían sustancias que se disolvían de diferente manera en el alcohol y en el agua. Aprovechando estas características, los médicos, curanderos y drogueros (los primeros farmacéuticos) elaboraban preparados medicinales a partir de disoluciones o extracciones de plantas en alcohol, apareciendo las tinturas, las fricciones, los extractos, elíxires y demás formas de preparación. Estas tienen mayor actividad medicinal que las plantas verdes o secas, por estar más concentradas en ella las sustancias que ejercen el efecto curativo. También se empleaban las vaporizaciones e inhalaciones, en los que el vapor de agua (o el humo de tabaco en ocasiones) vaporizaba los componentes más volátiles. En otras ocasiones, se extraían las plantas con grasas, principalmente para elaborar pomadas y cremas.

Aparecen los principios activos

En 1820, el químico francés Joseph Pelleterier logró aislar la quinina, un alcaloide, de la corteza del árbol de quina, que se empleaba para combatir la fiebre, y demostró que su actividad medicinal era mucho más potente que cualquier otro preparado con esta planta. Apareció así el primer principio activo aislado de una planta (llámese principio activo a la sustancia o sustancias que en una planta son los responsables mayoritarios de su actividad biológica). Pronto comenzó la elaboración y comercialización de este y otros principios activos.

La ¿muerte? de la herboristería

Ya a mediados de la década del treinta, principios de los ‘40s del siglo XX, la venta de fármacos elaborados a partir de los principios activos de las plantas y de sustancias sintéticas había hecho desaparecer a la herboristería casi totalmente en el mundo occidental, considerada en ese entonces algo primitivo y atrasado. Se afianza la farmacognosia como ciencia, pero para nutrir a la industria farmacéutica con nuevos principios activos.

Los principios activos juegan un papel muy importante: las plantas medicinales contienen cantidades variables de los principios activos (y en ocasiones pueden no contener ninguno) dependiendo de la época del año, del lugar de crecimiento, de las lluvias, del suelo, y aún de la hora de cosecha (por ejemplo, las plantas aromáticas, como la albahaca y la menta, deben recogerse justo antes de la salida del sol, para que el contenido de aceites esenciales en las mismas sea máximo). De allí que la efectividad fuera muy irregular, y plantas que eran peligrosamente tóxicas (como el opio, de donde se obtenía el láudano o la belladona) podían ser mortales si la concentración del principio activo en las mismas se elevaba demasiado.

El principio activo, en cambio, al ser una sustancia pura (o relativamente pura), permite su manejo seguro, obteniendo la concentración (las dosis) requeridas con mayor seguridad.

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