Naturaleza

Principios activos vs. Fitocomplejos – Parte 2 de 3

Escrito por Nestor Rivero / 7 de agosto de 2008

El tiempo es el tribunal más estricto que se conoce. El empleo de las plantas medicinales fue depurado durante miles de años, lo que permitió conocer las mejores maneras de prepararlas y consumirlas, así como los riesgos de su empleo inadecuado.

Los principios activos en un comienzo no requirieron experimentaciones en animales para su uso comercial, y el fármaco más conocido, la aspirina, tuvo que desarrollarse (es un fármaco sintético) porque pronto se descubrió que su precedente, el ácido salicílico, principio activo que se extraía de la salvia del sauce blanco (Salix alba) y que se vendía como fármaco contra las fiebres y jaquecas, literalmente destrozaba el estómago de quienes lo consumían.

Ni el lobo es tan fiero como lo pintan, ni el oso tan manso como se cree

Pronto comenzó a descubrirse que, asociado al empleo de los principios activos depurados y al de los fármacos sintéticos, aparecían un grupo muy variado de afectaciones o padecimientos asociados a su consumo, lo que en la actualidad se llaman efectos secundarios o colaterales. Se introdujeron los ensayos en animales, previo al uso en humanos, hasta el elaborado y complejo mecanismo actual de ensayos clínicos requeridos para la aprobación de un nuevo fármaco.

Pero la longitud de la vida humana es tal, que no permite que se puedan conocer todos los efectos adversos en unos pocos años. Hay efectos que se manifestarán luego de varias generaciones, otros tardarán decenas de años en manifestarse. Los estudios en animales arrojan resultados valiosos, pero que no es posible extrapolar totalmente a los humanos. Cada nuevo fármaco o preparación nos llega al mercado con listas cada vez mayores de contraindicaciones o efectos adversos.

El hombre como limitante de éxito

Un factor adicional que conspira contra el empleo de los principios activos es la ambición humana. Hemos sido testigos de infames casos de falsificación u ocultación de resultados de estudios clínicos (no expondremos ningún caso en particular, si lo desea, puede hacer su tarea en Internet) por parte de grandes compañías farmacéuticas, que han sacado al mercado productos que al cabo de varios años han tenido que ser retirados por los accidentes, en ocasiones mortales, que han provocado.

No debemos olvidar que el primer objetivo de cada empresa es ganar dinero (business are business, pal), y que los dueños de antaño siguen siendo los dueños de hoy. Hasta las evidencias del espionaje industrial más cruel (recordar el envenenamiento de las pastillas de acetaminofeno en los Estados Unidos) nos indican que no se respeta la vida humana como debiera, ni todos por igual.

Paralelamente a esto, se han desarrollado técnicas de laboratorio que permiten estandarizar los preparados vegetales, y aún las drogas crudas, lo que ha eliminado el principal inconveniente en el empleo de las plantas medicinales y sus extractos como tal, a saber, la variabilidad en su potencia medicinal. En la actualidad, y en medio de la revolución mundial de regreso a lo natural, se observa un auge en la preferencia por los productos naturales frente a los productos farmacéuticos.

Se comienza a hablar de los fitocomplejos

En matemáticas dos más dos es igual a cuatro. Pero en la biología no. Veamos un ejemplo hipotético. Suponga que una aspirina es capaz de bajar la fiebre en dos grados, y que el paracetamol (acetaminofen, non-aspirin) es capaz de bajar la fiebre también en dos grados. Si usted tiene 41 grados de fiebre, y se toma una aspirina y un paracetamol la fiebre le bajará cuatro grados (dos más dos igual a cuatro), hasta tener finalmente 37 grados.

Ahora, suponga que en vez de bajarle la fiebre cuatro grados, una aspirina y un paracetamol tomados juntos le bajen cinco grados la temperatura corporal (dos más dos es igual a cinco). En este caso, se dice que la aspirina y el paracetamol son sinérgicos, o que poseen un efecto mutuamente sinérgico.

Pero puede darse el caso que sólo le bajen la temperatura tres grados (dos más dos es igual a tres), y en tal caso se dice que la aspirina y el paracetamol son anti-sinérgicos.

Pues bien, estudiando algunas plantas medicinales específicas, se descubrió que la actividad biológica de los principios activos de estas era mucho menor (o incluso nulo) que la actividad biológica del extracto de la planta.

El caso más estudiado es el del áloe o sábila (Aloe vera). El principio activo del áloe son las antroquinonas (próximamente dedicaremos un artículo a ellas). Esta planta contiene ocho antraquinonas diferentes. Cuando cada uno de estos compuestos se aisló por separado y se comprobó su actividad biológica, esta resultó ser muy pequeña o nula, pero cuando se combinaban juntos, su actividad se disparaba. Actuaban de forma sinérgica.

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