Naturaleza

Principios activos vs. Fitocomplejos – Parte final de 3

Escrito por Nestor Rivero / 7 de agosto de 2008

Esto llevó a los científicos a acuñar el término fitocomplejos, el que se emplea en preferencia al de principio activo, cuando se habla de plantas medicinales. No es más que el conjunto de sustancias o compuestos naturales que “ayudan” o regulan al principio activo en su acción.

Muy pronto se comprobó que esto ocurría en muchas otras plantas. Cuando se compara la actividad biológica de, por ejemplo, un gramo de extracto fluido de Ginkgo biloba y de la cantidad equivalente del principio activo, es mayor en el extracto.

De igual manera sucede con las vitaminas. Tomemos la más conocida de todas, la vitamina C. Usted puede tomarse toda una pastilla de 500 mg con agua, no asimilará más que del 10 al 15 por ciento de la misma. Pero si en vez de tomársela con agua se la toma con jugo de naranja (no una soda de naranja, que es artificial) o con limonada, asimilará el 90 por ciento o más del total de los 500 mg.

La justa medida de los fitocomplejos

Estos fitocomplejos hacen que sea más seguro el empleo de las plantas medicinales o sus preparados (siempre que estén estandarizadas, o sea, conocido su contenido en principios activos) que el de los fármacos derivados de los principios activos únicamente. La cantidad de principio activo necesaria para su acción es menor en el caso de las plantas o sus preparados, gracias a estos fitocomplejos. Esto hace que los efectos secundarios sean menores o menos acentuados.

Pero no son inexistentes. El consumo frecuente de tilo (Justicia pectoris) por ejemplo, está asociado al desarrollo de várices e insuficiencia vascular periférica por la acción sostenida de la cumarina (su principio activo), una sustancia que disminuye la coagulación y es precursora del dicumarol o warfarina (el dímero de la cumarina) un anticoagulante demostrado empleado como veneno para ratas.

Conclusión

La herboristería o empleo de las plantas medicinales es casi tan antigua como la humanidad. En las naciones desarrolladas casi desaparece por el desarrollo de la industria farmacéutica, a pesar que tres cuartas partes de sus fármacos se derivan, directa o indirectamente, de productos naturales.

Pero los efectos secundarios, en ocasiones graves, de los fármacos, provocó la desconfianza creciente de los consumidores hacia los mismos, conduciendo, junto a otros factores coadyuvantes (la necesidad de transformar nuestras sociedades en sociedades sostenibles, el cambio climático, el alto costo del sistema de salud y de los fármacos) al regreso, en la preferencia popular, de los productos naturales.

Las prácticas de laboratorio y normativas gubernamentales sobre estos preparados ha elevado en gran medida la seguridad en el empleo de las plantas medicinales, y el “descubrimiento” de los fitocomplejos y sus ventajas los hacen la elección de preferencia.

Pero no debe suponerse nunca que los preparados de plantas medicinales son totalmente seguros o carentes de efectos secundarios. Aunque estos sean más atenuados, sí existen, y no se recomienda en ningún caso la automedicación sin consultar a un especialista. Como regla de seguridad, mencionaremos que las plantas medicinales o sus productos no deben consumirse nunca por más de un mes, y descansar tres meses antes de volverlas a consumir.

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