En el post anterior nos acercaremos a la vida de Rembrandt. La grandilocuencia de este artista descansa tanto en sus dibujos y en sus aguafuertes como en sus pinturas. Aquí nos detendremos en las características principales de su obra y en su modalidad de trabajo.
Rembrandt fue un trabajador incansable. Se le atribuyen seiscientas obras pictóricas, entre mil y dos mil dibujos y cerca de trescientos aguafuertes. Aunque la mayor parte de sus ingresos, probablemente, provenían de los retratos que realizó, también pintaba temas bíblicos y mitológicos, paisajes y escenas cotidianas.
Un alumno describió sus métodos. Contrariamente a lo que uno podría esperar del estilo libre de sus pinceladas, él trabajaba muy lentamente, dedicando períodos de dos a tres meses para cada retrato. Luego que la pintura se secaba, volvía a trabajar la superficie hasta que, en algunos casos, la pintura alcanzaba el grosor de medio dedo de la mano.
Rembrandt era su propio modelo y sus numerosos autorretratos nos permiten hoy conocer los cambios en su apariencia determinados por su carácter. Sus primeros cuadros muestran un joven ávido de mirada filosa que luego se convertiría, en 1640, en un hombre próspero vestido con géneros lujosos. Más tarde, los retratos lo muestran más pesado, luciendo irritable y sospechoso.
Pintó a otros miembros de su familia como su madre y su bella esposa Saskia -también vestida de terciopelo y joyas-. Su hermano mayor es retratado por Rembrandt vistiendo un casco dorado de su propia colección. Más tarde aparecen la paciente Hendrickje y su hijo Titus.
A través de su obra conocemos la población de Ámsterdam
Mendigos de puerta en puerta pidiendo limosnas, ropas rasgadas, un vendedor ambulante cocinando panqueques, dos negros que probablemente vinieron a la ciudad en el tren de un visitante potentado. En el barrio judío, cerca de su casa, Rembrandt estudió las caras angulosas de los ancianos barbudos. En el retrato de Jan Six nos muestra a uno de los ciudadanos más respetados de la ciudad. La que fuera su casa, hoy es un museo de trabajos de Rembrandt y sus contemporáneos.
Legados de su obra
El interés por la luz, tanto natural como artificial, era característico en los artistas del siglo XVII. Él se detuvo muchísimo en este aspecto. Observó el comportamiento de la luz escrupulosamente porque estaba interesado en utilizar este recurso para crear los ambientes de sus obras.
Lo que más sorprende de sus obras es el respeto por la privacidad del individuo retratado. Por un lado, la semejanza, vivacidad y personalidad representadas en sus trabajos acercan al retratado casi a la escena actual. Pero por otro lado, Rembrandt se encargó siempre de recordarnos con una sombra en el rostro de sus modelos, que nunca llegaremos a conocerles del todo.
Y como dijimos al principio, no debemos olvidar nunca que la grandilocuencia de Rembrandt radica en el conjunto de su obra: mientras que en los dibujos lograba establecer la postura de una figura o la expresión de un rostro con unas pocas líneas, en sus pinturas el complejo juego del claroscuro que manejaba era magistral. Únicamente, considerando su obra completa como un todo podremos apreciar su legado.
Tags: Rembrandt su obra, renacimiento, renacimiento tardío
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