Una historia científica de la Sexualidad Humana

Un tema tan complejo como la sexualidad humana -que día a día se diversifica cada vez más- merece una indagación extensa que abarque todos los puntos de vista posibles en torno al tema. Como punto de partida, en esta primera entrega hablaremos de los primeros pasos de la sexualidad hacia la conformación de una ciencia separada tanto de la psicología como de la medicina.

Podemos decir que la historia de la sexualidad a nivel científico comenzó en la segunda década del siglo pasado cuando se descubrió la existencia de dos hormonas que son las que intervienen en mayor medida en los procesos reproductivos del hombre: los estrógenos y la testosterona.

Veinte años más tarde aparecieron los primeros estudios en torno a la sexualidad humana y fue recién a finales de la década del cuarenta que el conocido Alfred Kinsey publicó su primer estudio llamado “Comportamiento sexual en el hombre”. Cinco años más tarde publicó “Comportamiento sexual en la mujer”.

Sus dos libros, si bien fueron muy controversiales para la época por tocar temas tabú como el autoerotismo o la homosexualidad,  fueron los que abrieron las puertas a diversos estudios de campo en estas áreas y hasta el día de hoy las observaciones allí descriptas se consideran pertinentes.

Primeros estudios relevantes entorno a la sexualidad

La década del sesenta es conocida por la aparición de la píldora anticonceptiva que  revolucionó la sexualidad femenina. A mediados de los años sesenta  el famoso dúo Masters & Johnson -conformado por el ginecólogo William Masters y la psicóloga Virginia Johnson- escribió su primer libro basado en observaciones a casi 700 personas para explicar las diferentes respuestas del cuerpo ante los estímulos sexuales. Estos dos autores son los primeros en hablar del carácter cíclico de la respuesta sexual; según ellos dicho ciclo tiene tres fases: excitación, meseta y resolución.

En la primera fase de este ciclo un torrente de sangre es bombeado paulatinamente a la zona púbica. Esto genera un aumento de tamaño tanto del penen como del clítoris que es lo que permite la penetración. Cuando el proceso de bombeo se completa el estado de excitación alcanza una meseta durante la penetración donde el grado de placer es superlativo pero sin llegar al clímax. Con el acaecimiento del orgasmo comienza a disminuir gradualmente el grado de excitación hasta que el cuerpo vuelve a su estado normal. Ésta última etapa es denominada fase de resolución.

Con un panorama mucho más claro y basándose en estos estudios, en los años setenta la psiquiatra Helen Singer Kaplan incorpora un nuevo ingrediente a la sexualidad humana que es perfectamente compatible con el ciclo descripto anteriormente: el deseo. Según ella, el deseo, que es previo a la excitación, al ser un componente puramente mental denota la importancia de la mente en la sexualidad humana y es la clave para curar cualquier disfunción sexual desde la psicología.

En los años ochenta la visión vuelve a cambiar. Según la ginecóloga Rosemary Basson el ciclo sexual no es lineal como se describió anteriormente sino circular. Aunque antes se habló de ciclos sexuales, según esta ginecóloga los autores anteriores describieron una respuesta sexual lineal en el tiempo. Ella sugiere, a diferencia de Kaplan, que aunque el deseo sí trabaja apoyando al estimulo sexual, también se alimenta de este último generando una relación circular con el mismo.

A partir de esta observación le quita al orgasmo su carácter protagonista y lo considera un simple acontecimiento dentro del ciclo que ella propone. Asegura que una persona puede sentirse satisfecha a nivel sexual incluso antes de alanzar este punto el cual no debe ser la meta de nuestra vida sexual.

Actualidad

Tras la liberación mundial de determinados tabúes se le pudo dar a este aspecto tan importante de la vida la importancia que merece y hoy la sexualidad es una ciencia independiente. Próximamente hablaremos del fuerte dominio que tiene la mente en los ciclos descriptos y qué consecuencias trae esta influencia en el desempeño de nuestra sexualidad. El correcto accionar de nuestra mente a la hora de vivir una experiencia sexual parece ser la llave hacia una sexualidad plena.

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