Alguna vez, esto fue ciencia

Hoy en día, la humanidad se aferra de los conocimientos científicos como si fueran la única verdad absoluta que nos es dada a conocer. ¿Es tan cierto esto? ¿O acaso la ciencia no puede estar equivocada?

He aquí algunas teorías científicas que hace tiempo han perdido su validez. Sin embargo, en algún momento fueron verdades incuestionadas de la ciencia.

La teoría geocéntrica de la ciencia

¿Hay algo más obvio que sostener que la Tierra gira alrededor del sol? Sí. Desde nuestro punto de vista, nada más sencillo que suponer que es el sol el que “sale” por el este y “se pone” en el oeste. Así lo vieron Aristóteles y Ptolomeo, los primeros en formular la teoría geocéntrica que seguiría siendo válida hasta el siglo XVI. La Iglesia contribuyó a sostenerla: después de todo, confirmaba la versión del hombre como centro indiscutido de la creación divina.

Fue el astrónomo Nicolás Copérnico el primero en formular una refutación a la teoría, postulando que eran los planetas los que giraban alrededor del sol. Por ello, se la llamó teoría heliocéntrica. Galileo Galilei la demostró al utilizar el telescopio, por lo cual fue perseguido y obligado a retractarse por las autoridades clericales. Al Vaticano le levó más de 300 años disculparse por ello. Y hoy en día, más allá de algunos religiosos que interpretan al pie de la letra las Escrituras, nadie se cuestiona una verdad tal como la de que nuestro planeta da vueltas alrededor de una estrella (una de las tantas en el universo) a la que llamamos Sol.

La evolución según Lamarck

El lamarquismo es una teoría muy compleja que data del siglo XIX, elaborada por el francés Jean-Baptiste Lamarck, y que si bien resulta imposible de aceptar hoy en día, en su momento compitió con la teoría de la evolución de las especies de Darwin. Lamarck sostenía, básicamente, que los individuos simples surgen por generación espontánea, y que en cambio los organismos más complejos (plantas, animales) fueron evolucionando de los simples. Pero, a diferencia de Darwin, para Lamarck los cambios pequeños que posibilitan la evolución no se dan por azar, sino que es la acción del propio individuo el que puede llegar a generarlos, si se repite el mismo esfuerzo de generación en generación. Para aceptar esto, habría que aceptar la transmisión genética de caracteres adquiridos: dicho en pocas palabras, la jirafa tendría el cuello largo porque sus antepasados se estiraban para alcanzar las hojas de los árboles.

Hoy en día, algunos filósofos naturales destacan el optimismo y la esperanza de la teoría de Lamarck. Por ejemplo, se utiliza el concepto de lamarquismo para explicar la evolución cultural. Además, en la actualidad se ha podido comprobar que existe una cierta modificación en los individuos producto de la influencia del ambiente, así que el biólogo francés tampoco estaba completamente errado.

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