Animales: desmontando mitos (I)

Existen muchas leyendas y creencias populares sobre los animales. En la mayoría de las ocasiones se trata solo de eso… leyendas que carecen de toda base científica.

La sabiduría y la tradición popular están llenas de mitos y leyendas, de creencias que no tienen ninguna base científica, pero que durante muchos años han sido creídas a pies juntillas. Estas son algunas de ellas… y su razonamiento científico.

¿Tú sudas como un cerdo?

Otro de los mitos que existen sobre los cerdos es que se revuelcan en el barro solo por su afición y su gusto por la suciedad. Y eso no es cierto en absoluto, sino que se trata de una conducta que obedece a una necesidad fisiológica.

Al igual que los perros, los cerdos no tienen en su piel glándulas sudoríparas, por lo que no pueden sudar como forma de regular su temperatura. Por eso, se refrescan metiéndose en el lodo, que además les ayuda a desparasitarse, a eliminar las células muertas y a protegerse de la acción de los rayos solares.

Así que, contrariamente a lo que parece, esta actividad tan propia de los cerdos responde más bien a una necesidad higiénica que a otra cosa.

Devorados por pirañas

Se han escuchado muchas historias de pirañas asesinas que devoraban hombres. Pero sin embargo, no existe ninguna noticia de fuentes contrastadas y que resulte verosímil sobre personas devoradas por pirañas.

Se empezó a hablar de este tema a partir de la expedición a Brasil que realizó en 1914 Theodore Roosevelt. A su regreso, quiso sorprender a Wilson, que entonces era presidente de los Estados Unidos y lo hizo a través de un espectáculo en el que exageraba el comportamiento de las pirañas. El resto, corrió por cuenta de los periodistas.

Desde la Universidad de Oriente, en Venezuela, se desmiente este mito. Si bien es cierto que algunas de ellas, como la especie Pygocentrus, pueden ser peligrosas para el hombre (sobretodo tras la época de lluvias, con el desbordamiento de los ríos, cuando quedan atrapadas en lagunas donde el alimento escasea, lo que las vuelve más agresivas); no se puede esperar en general comportamientos tan sanguinarios como los que muestran las películas.

¡Sapos, a escupir!

Si tuviéramos que hacer una lista con los animales que tienen peor fama y que se llevan la palma en este tipo de mitos, los anfibios y los reptiles irían a la cabeza. Popularmente, se ha creído que los sapos escupen veneno, pero no es cierto. Aunque es verdad que hay dos costumbres de estos animales sobre las que se sustenta esta creencia.

En primer lugar, es verdad que los sapos proyectan su lengua fuera de la boca para capturar sus presas, generalmente insectos. La rapidez con que lo hacen y la forma que tiene la lengua puede dar lugar a confusiones. Por otra parte, cuando estos animales se ven capturados, suelen orinarse, lo que también puede dar lugar a equívocos.

La forma que tienen los sapos para defenderse no tienen que ver con escupitajos: detrás de la cabeza, en su piel, tienen unas glándulas que producen unas toxinas que disuaden a sus depredadores. Eso sí, son inofensivas para el ser humano.

Esconde la cabeza… como los avestruces

Otra de las creencias populares más arraigadas es que el avestruz esconde la cabeza en la tierra cuando se siente en peligro. Pero nada más lejos de la realidad. Este animal es la mayor de las aves que existen actualmente y pueden llegar a pesar hasta 150 kilos, tienen un pico fuerte y unas patas potentes con las que defenderse y que le permiten alcanzar una velocidad de carrera de unos 70 kilómetros por hora.

Cuando una de estas aves se siente amenazada, agacha el cuello y lo extiende sobre el suelo, en actitud expectante, pero para nada entierra la cabeza. Lo que sí hace este animal es excavar su nido en el suelo, por lo que durante su construcción y el tiempo que dura el cuidado de las crías, podría dar la impresión de que tiene la cabeza escondida en la tierra.

¡Cuidado, un ratón!

Se dice que los elefantes temen a los ratones. Se trata de uno de los mitos que más veces ha aparecido en cuentos y fábulas populares. Quizá contribuya a ello lo que cada uno de ellos representa (la fuerza y la grandeza frente a la debilidad y lo insignificante). Se dice que los elefantes no tienen muy buena vista y que por ello les pone nerviosos ver algo a su alrededor que se mueve si no pueden identificarlo. El biólogo Enrique Sáez, que es además veterinario del Zoo Aquarium de Madrid, asegura que nunca ha sucedido nada parecido y que los animales, como nosotros, se asustan ante algo inesperado o desconocido, pero eso no justifica la especial aversión de los elefantes a los ratones.

Hace años, estas historias pasaban de unos a otros de boca en boca. En la actualidad, esta forma de contar se ha sustituido por Internet. La red es, de hecho, uno de los lugares donde más mitos se confunden con la realidad, mezclándose fantasía, pseudociencia y realidad.

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