Buscando la felicidad (parte I)

El ser humano busca la felicidad. Pero, ¿podremos alcanzarla realmente? ¿Cómo se ve la felicidad desde el punto de vista científico?

A lo largo de los siglos, uno de los mayores sueños del ser humano es ser feliz. Así lo piensa el filósofo William James, que afirma que “conseguir, conservar y recuperar la felicidad es la motivación secreta de todo lo que han realizado todos los seres humanos en todos los tiempos”.

Podemos preguntarnos cuántos de nuestros actos día a día están encaminados a conseguir la felicidad. ¿Pero, podemos alcanzarla realmente? ¿O ser feliz se trata únicamente de una utopía a la que nunca tendremos acceso?

Hay estudios y opiniones muy distintas acerca de la felicidad. La psicóloga Sonja Lyubomirsky asegura que sentirnos felices nos hace ver el mundo de otra forma: más segura y más positiva. Nos hace tomar decisiones con más facilidad, somos más altruistas y nos sentimos capaces de enfrentarnos a la vida con más energía. Pero hay otras opiniones que aseguran que la felicidad está sobrevalorada, y que muchos artistas y pensadores lograron grandes obras a partir de su estado de infelicidad.

¿Científicamente infelices?

No es fácil medir los sentimientos de forma científica. Pero Francisco Mora, un catedrático de Psicología de Madrid opina que el cerebro humano, después de sus 700 millones de años de evolución, no está diseñado para la felicidad, sino para la lucha por la supervivencia. Por ello, ha desarrollado estructuras como el sistema límbico, a partir del que se generan determinadas respuestas emocionales que tienen un efecto colateral: nos impiden ser felices de forma permanente.

La “ley de la simetría hedónica”, según Nico Fridja, viene a corroborar esta misma idea. Su teoría es que aunque dure una situación que provoca emociones placenteras, estas tienden a disminuir y diluirse con el tiempo, algo que no ocurre con las emociones negativas. La causa es que los hechos que en un principio nos satisfacían y encantaban, al repetirse una y otra vez, se convierten en neutrales (y esto es algo que no sucede con los sentimientos negativos) Este hecho demostraría que las emociones no tienen como finalidad que seamos felices, sino que nos adaptemos al medio.

Cuando las cosas no nos van bien, surgen en nosotros sentimientos negativos (enfado, ira, tristeza…) que nos hacen reaccionar y actuar en un sentido u otro. Son sentimientos muy intensos, que nos dan empuje para reaccionar.

La felicidad no tiene por qué ser intensa

En la Universidad de Illinois se ha realizado un estudio que demuestra que la felicidad está más relacionada con la cantidad de experiencias positivas que con la intensidad de estas. Una persona que experimenta de forma continua y prolongada estados de ánimos que podríamos llamar “felices” o positivos, y con poca frecuencia los negativos, se sentirá bien.

Muchas veces lo que hace felices a las personas no es un único momento de felicidad, por muy grande e intensa que sea la misma. Esto se debe, según Diener, el investigador que ha llevado a cabo este estudio, al corte psicológico de las emociones fuertes que desestabilizan a los individuos, por mucho que sean positivas. Lo normal es que una persona que sienta de forma muy intensa las emociones positivas, sienta de igual forma las negativas.

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