Ciencia y sabiduría

La ciencia aspira a conocer los procesos que se esconden detrás de los fenómenos a partir de un estudio lógico y exacto de sus elementos básicos. La sabiduría por su parte, nos enseña a relacionarnos con estos mismos fenómenos desde una perspectiva general, razonable y práctica pero no excluyente con otras maneras de experimentar el mundo, como los sentimientos o los sueños. Difícilmente podrían conciliarse estas dos maneras de encarar la realidad, la primera siempre en busca de explicar y la segunda esforzándose en todo momento por comprender.

Pero he aquí que algunas valiosas personalidades de la cultura han intentado conciliar ambos discursos, por lo menos a un nivel reflexivo, y precisamente, en lo que sigue, comentaremos algunas de sus consideraciones.

Realidad y mundo

El escultor español Pablo Serrano opina que ciencia y sabiduría han de constituir un abrazo y no un muro que separe razón y sentimiento. Esa opinión por parte de Serrano, comparte la intención de un epistemólogo como el inolvidable Paul Feyerabend, quien consideraba que en la elaboración de teorías científicas, en la búsqueda de paradigmas que den cuenta de la realidad y sus enigmas, todo vale, y no existe un discurso por muy alejado de la ortodoxia científica que se encuentre, que no aporte algo en la comprensión del mundo. De tal modo que Serrano tiene razón en cierto sentido, puesto que la ciencia, por muy compleja y abstracta que devenga no puede olvidar su centro, no puede dejar de abrazar su meta y motivo de ser, la existencia humana.

Caverna de sombras

A juicio de la escritora Taslima Nasrin, la religión no hace más que obstaculizar el desarrollo del ser humano, motivándolo a rechazar la ciencia y otras vías de progreso. Y eso lo consiguen despertando temor ante lo sobrenatural, prohibiendo la risa y libre albedrío. Severo diagnóstico el de esta defensora del feminismo y otras posturas libertarias. Solo valdría la pena añadir que, a veces ciertos científicos y sus defensores proceden de la misma censurable manera, cerrando cualquier vía a la interdisciplinariedad o el multiculturalismo en la investigación. Así pues, tanto en la ciencia como en la religión, una apertura dialogante y tolerante debe de ser fundamental. Porque a fin de cuentas, como bien apuntó el antropólogo Ashley Montagu, la ciencia cuenta con evidencias pero carece de certezas y la religión por su parte, tiene las mayores certezas pero escasas evidencias.

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