Cómo se realizan los trucos de los ilusionistas y faquires

Ilusionistas, magos, mentalistas, faquires…Cuantas veces nos hemos preguntado: ¿Cómo logran estos personajes realizar sus trucos? Mientras que para algunos no son más que vulgares charlatanes, para otros, siguiendo la premisa » la ciencia tiene una explicación para todo», pueden encontrar la respuesta que explique estos fenómenos.

Citando a Rober Houdini, uno de los más célebres ilusionistas de todos los tiempos, escribió alguna vez: “Para que la ilusión sea perfecta, uno debe hallarse compenetrado de su papel como para creer que en la realidad hace y dice.” Sin embargo, considero que se olvidó de agregar un factor clave: el espectador; la ilusión también exige, de parte del mismo, una mirada seráfica e inocente.

Faquires por todo el mundo logran impresionar a su público traspasándose las mejillas con agujas, perforándose la lengua con alambres, atravesándose brazos, piernas y pliegues del abdomen con punzantes estiletes sin que el sujeto muestre signos de dolor y sin que se vea una gota de sangre. ¿Truco o facultades físicas poco comunes? ¿Poder de la mente, acaso, para alterar las funciones fisiológicas?

Umbral del dolor

Retomando lo anteriormente planteado podemos introducir el concepto de umbral del dolor, es decir, la capacidad de adaptarse a las heridas y a los traumatismos, que serían poco menos que mortales sin un buen entrenamiento previo. Esto se logra con el control de los humores y con las facultades de contraer y retraer músculos, venas y arterias mediante las versiones tipo de hipnosis; es decir, que no hay un extraño “poder” de la mente que no se conozca y que obre milagros. Sólo es posible, en cierta medida, volver voluntario lo involuntario.

Además, no todas las regiones del cuerpo poseen la misma sensibilidad dolorosa. Esto es lo que aprovechan conocidos faquires para montar sus espectáculos, muchas veces fascinantes y casi siempre morbosamente atractivos. El umbral del dolor separa lo soportable de lo que no lo es. Un individuo capaz de dominar el mecanismo químico que interviene en las terminaciones nerviosas libres puede elevar esa barrera más allá de la cual nace el grito.

Cómo se realizan los trucos de los ilusionistas y faquires

Una vez dominado el umbral del dolor los ilusionistas pueden comenzar a realizar sus trucos, siendo uno de los más conocidos el de atravesarse las mejillas con afiladas agujas. En el teatro basta con una inyección de xilocaína (anestesia local, como la que usan los dentistas) para hacer de cualquier un yogui. Pero hay otros que han perfeccionado las técnicas de la autohipnosis hasta extremos más refinados; tal es el caso de aquellas personas que atraviesan descalzos una superficie cubierta de brasas ardientes. Mediante la autosugestión pueden regular el metabolismo de las glándulas exócrinas, como las sudoríparas, y cubrir con abundante sudor las plantas de los pies. Al estar mojados, atraviesan rápidamente los carbonos encendidos sin sufrir daño.

Algo similar sucede con la cama de clavos. Estos de encuentran repartidos de tal manera que existe una especie de “equilibrio” de la sensación del dolor. Y, además, están tan juntos que, a pesar del peso de una persona que se acuesta sobre ellos, impide que penetren en la carne.

También se explica con facilidad la detención del pulso que practican muchos ilusionistas. Mediante la contracción de los músculos anteriores a la axila (hay quienes se ponen una almohadilla para facilitar la compresión de la arteria humeral, que es la clave de todo) el pulso se hace muy débil y los médicos que controlan esa prueba no suelen examinar a los faquires debajo del brazo ya que “el show debe continuar”. Otros, más expertos, contraen ciertos músculos del cuello para comprimir el nervio neumogástrico y producir así el aletargamiento del corazón.

Conclusión

Si bien todos estos trucos tienen una explicación científica y no existen grandes misterios, hay que quitarse el sombrero ante quienes han hecho del entrenamiento fisiológico una depurada obra de arte, si tomamos en cuenta que dominar el umbral del dolor así como otros procesos fisiólogicos puede llevar años de entrenamiento y una dedicación exhaustiva.

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