De la lluvia artificial, a la nube artificial

Desde hace décadas, como en este mismo blog os hemos explicado, se ha provocado lluvia en nubes ya existentes. Una práctica habitual entre los agricultores y algunos países que, sin embargo, es desconocida para la gran mayoría de la población.

Pero, pese a estos avances, nunca se había creado una nube artificial que generara lluvia. Esto es precisamente lo que quieren conseguir los científicos de la NASA junto a los de la Universidad Libre de Bruselas y la Universidad Ben Gurion de Israel, creadores del Proyecto Ghesem (lluvia en hebreo).

Recreación del ciclo del agua: nube artificial

El sistema consiste en extender en el campo unas inmensas planchas de material negro aglomerado en asfalto que absorbería el calor del sol para crear nubes y lluvia artificial y ayudar así a zonas desérticas o en sequía.

El diseño se basa en el clásico ciclo del agua. Se pretende conseguir el mayor calor posible para que, al elevarse con vapor de agua a la atmósfera, pueda posteriormente transformarse en nube. Los investigadores del proyecto, que se construirá en un principio en el desierto de Israel, se esmeran en determinar cuál es el material más apropiado.

Basado en las “islas de calor”

La idea, según Leon Brenig, director del Proyecto, surgió a partir de las llamadas «islas de calor» que la absorción del sol, el asfalto y los edificios crean en las grandes ciudades dotándolas de temperaturas más altas que el campo que las rodea. Esto provoca la elevación del aire caliente con vapor de agua, que se condensa en las capas altas de la atmósfera y se transforma en nubes en «las zonas extremas» de las grandes urbes y en los campos adyacentes a las mismas.

El proyecto sería eficaz en zonas desérticas no demasiado alejadas del mar, como máximo a 100 ó 150 kilómetros del mismo. Según los expertos, el éxito del trabajo podría suponer su traslado a zonas desérticas de la Península Ibérica.

En cuanto al coste del proyecto, según los investigadores, paliar la sequía mediante la implantación de estas estructuras es relativamente pequeño si lo comparamos con otras alternativas existentes. Para colocar cada una de las estructuras sería necesaria una inversión aproximada de 2 millones de euros por cada 2 kilómetros cuadrados.

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