El recorrido mental del placer sexual: el deseo (parte I)

Con la introducción del deseo en el ciclo sexual por parte de la psiquiatra Kaplan en los años setenta comienza a entenderse que la mente juega un rol muy importante en el desempeño sexual. Dada su importancia se ha buscado desde entonces desentrañar cómo influye la mente en nuestra vida sexual. Averigüémoslo.

Comunalmente las personas piensan que el deseo en el hombre puede ser provocado con un simple estimulo visual o táctil mientras que la mujer necesita otro tipo de estímulos que pueden ser de carácter emocional o contextual. Se piensa muchas veces que si la mujer no se siente cómoda y contenida es dificl que alcance el clímax sexual.

¿Podemos hablar entonces de sexualidad de géneros?

Lo cierto es que aunque la sexualidad masculina pueda diferir en algunos aspectos de la femenina, estudios recientes demuestran que los estímulos visuales, por ejemplo, no hace diferencias de género. También se ha demostrado que los vínculos emocionales despiertan el deseo en hombres y en mujeres en igual medida.

Sin embargo hay otros factores que operan en nuestro desempeño sexual y que sí funcionan según el género. Está demostrado que para alcanzar el orgasmo hay que despojarse de ciertas inhibiciones y mecanismos de control que tiene la mente y que en el hombre son fácilmente disipados. Aunque en mujeres estos mecanismos de control también son silenciados, los hombres tienen más facilidad para hacerlo.

El poder de la mente

Partiendo de la base de que son nuestro cerebro y nuestro sistema nervioso quienes controlan el deseo y la respuesta sexual, no debe extrañarnos que el placer sexual esté directamente relacionado con la mente.

En un artículo de SCIAM se hace referencia a su influencia con un ejemplo bien claro: cuentan la experiencia de una paciente que participó de un tratamiento experimental con parches de testosterona para tratar la falta del deseo sexual. Las mujeres que que participaron de la experiencia, tras haber sufrido la extirpación de sus ovarios perdieron todo deseo. La testosterona que se les aplicó con los parches es una hormona producida por las gónadas sexuales femeninas que está asociada a su función sexual.

Tras tres meses de aplicarse los parches de testosterona una de las pacientes declaró haber experimentado un gran incremento de deseo sexual. Tuvo, entre otras experiencias sexuales, su primer orgasmo en tres años y aseguró que se todo esto fue resultado del tratamiento recibido.

Sin embargo estos cambios no estaban asociados a los parches sino a su mente. Esta paciente se encontraba entere la mitad de las mujeres que habían recibido un parche placebo sin la hormona en cuestión. Como se explica en SCIAM, esta experiencia demuestra que el deseo sexual y la llegada del clímax sexual no están únicamente relacionados a cuestiones biológicas.

Evidentemente hay complejos mecanismos mentales que regulan nuestra vida sexual y que tienen que ver con mecanismos de inhibición. Teorías recientes explican que para que una persona alcance el orgasmo deben equilibrarse tres aspectos de su mente. Sólo cuando ocurre el coma o adormecimiento de ciertas zonas cerebrales determinados factores sicológicos bajan la barrera y es esto lo que favorece la correcta percepción de los sentidos la cual deviene en el clímax sexual.

A continuación

Siguiendo con el orden natural de las cosas, en la segunda parte del artículo nos avocaremos al orgasmo. Contrariamente a la visión de la ginecóloga Rosemary Basson de que el orgasmo no debe ser el fin último de la actividad sexual, la preocupación de muchísimas personas en torno al tema demuestra lo contrario.

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