Grandes de la ciencia: William Harvey

¿De dónde viene toda la sangre que circula por el cuerpo? ¿A dónde va? Hace cinco siglos todo esto era confuso, aunque, como William Harvey sospechaba, de algún modo, la sangre debía fluir en bucle.

Captura de www.daviddarling.info

Captura de www.daviddarling.info

Nació en Folkestone, Inglaterra, el 1 de abril de 1578. No tardó en mudarse a Italia, cuna de la sabiduría y de los estudios médicos. En 1602 ya era titulado. Fue él el primero en demostrar que la sangre que salía del corazón volvía a él. Estudió de manera correcta las propiedades del bombeo del órgano vital, y llegó a la conclusión inequívoca que algunos ya habían apuntado antes: la sangre tenía que circular por el cuerpo.

La lucha contra el pasado

En el siglo III d.c Galeno, el mejor médico de la época, hablaba de orificios invisibles que hacia pasar la sangre a través de la pared que dividía el corazón. La sangre iba en una dirección primero y luego en la contraria, diferenciando la procedencia de la sangre de las arterias, con origen en el corazón, y la sangre venosa, con origen en el hígado. Sin embargo, y pese a la incuestionable autoridad del médico griego, por la época de Harvey (incluso varios siglos antes) era mucha la gente que volvía a cuestionarse sobre la verdad de la sangre en el cuerpo.

Para comenzar sus estudios, William Harvey analizó el corazón en animales vivos. Fue así como descubrió que las dos mitades del corazón no se contraían al mismo tiempo. Estudió las válvulas del corazón, como ya había hecho sin mucho éxito su maestro Fabricius, para poder demostrar que estás impulsaban la sangre sólo en una dirección e impedían su retroceso. Taponando intermitentemente las venas y las arterias demostró que el corazón se hinchaba de cada lado según el conducto que solapase. Estaba muy claro para él que la sangre circulaba, aunque no entendía como la sangre pasaba de las venas a las arterias sin conductos visibles que las conectasen.

De Motus Cordis

Esta laguna sería insalvable, porque la época no le condecía los instrumentos médicos o cientoficos necesarios para poder hacer ver que los capilares sanguíneos eran los puntos de conexión diminutos entre venas y arterias. Pese a ello, y con esa importante falta, William Harvey publicó un libro precario de 52 páginas: De Motus Cordis (Sobre el movimiento del corazón) en dónde explicaba su teoría sobre el circular de la sangre por el cuerpo de los seres vivos.

Pero como bien sabemos, los adelantamientos científicos en las épocas reinadas por los dogmas, siempre levantaban polémicas y tensiones. Con esto ocurrió lo mismo. Mucha gente se rió de Harvey y, además, perdió muchos pacientes que ya no confiaban en él. Pero el médico guardó silencio y trabajó duro. El tiempo le daría la razón. Desgraciadamente, la vida no le concedió el capricho del orgullo. Cuatro años después de su muerte (1657) un médico italiano, Marcello Malpighi, consiguió ver a través de microscopios los tejidos diminutos que conectaban las arterias y las venas en los pulmones de una rana. El bucle estaba completo.

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