Kepler: Dios en la ciencia

Johannes Kepler, conocido por sus grandes aportaciones como astrónomo y matemático, todas ellas enmarcadas dentro de la Revolución científica. Sin embargo, una faceta de él que muy pocos conocen, fue su afán por el misticismo. Kepler creía en la existencia de Dios, la cual se reflejaba en la perfección matemática, por ejemplo en la geometría, en la armonía y diseño del universo…

Kepler

La nebulosa de la Hélice

De hecho, una cita textual de Kepler era: “La Geometría es Dios mismo”. Además, al igual que Galileo Galilei era de los que creía que Dios había diseñado el universo mediante el lenguaje matemático.

Vida de Kepler

Kepler nació el 27 de diciembre de 1571 en Weil der Stadt, en el Sacro Imperio Romano Germánico. Su familia le crió bajo la religión protestante luterana. El nacimiento de Kepler fue prematuro, un sietemesino que padeció toda su vida las consecuencias de una frágil salud. Perdió gran parte de su visión a los tres años, cuando contrajo la viruela. Sin embargo, su delicada salud no le impidió desarrollar desde pequeño sus aptitudes para las matemáticas. Su pasión por la astronomía fue dada por sus padres, al igual que la fe en Dios. Desde pequeño ya sentía una inquieta curiosidad por lo que observaba en el cielo, de hecho, a los cinco años llegó a ver un cometa, y a los nueve un eclipse lunar. Estudió varias lenguas y ramas científicas de muy diversa índole, aunque al final se matriculó en teología y ciencias humanas. Acabó abandonando estos estudios, pero no dejó de lado su fe. Pues trabajó como matemático para la escuela protestante de Graz.
Sus aportaciones científicas fueron muy abundantes y fructíferas para la ciencia. Entre estas destacaron sus tres leyes sobre el movimiento de los planetas.

La fe de Kepler

Kepler es el reflejo de que la ciencia y la fe son compatibles. Muchos son los ejemplos de científicos que creían en Dios. Galileo Galilei, a pesar de ser condenado por la Iglesia por presentar el sistema heliocéntrico, no apartó de su vida sus creencias. Copérnico fue otro ejemplo, aunque a él no le condenasen, por ser canónigo en una catedral y desarrollar su trabajo allí.

Kepler siempre vio la armonía en el universo, creyó en un diseñador inteligente que se mostraba en lo que percibimos y cuyo lenguaje formal eran las matemáticas. También creía fervientemente en la causalidad: “Nada en este mundo fue creado por Dios sin un plan”.

Foto | NASA y ESA | Commons.wikimedia.org

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