La vanidad: un sentimiento muy humano

La vanidad es un sentimiento que más o menos, todos conocemos. Diferentes estudios científicos hablan de la vanidad, de cómo es el «vanidoso» y de los peligros de dejarnos llevar por este sentimiento.

Según la Real Academia, la vanidad es “arrogancia, presunción, envanecimiento”.

A pesar de la “mala prensa” que tiene este sentimiento, lo cierto es que en su justa medida tiene algunas ventajas: ayuda a fortalecer el ego y facilita la creatividad.

El problema viene cuando la vanidad pasa de un grado normal, ya que puede convertirse en un transtorno narcisista de la personalidad que ocasiona graves secuelas a quien lo sufre y que afecta a un 1% de la población.

Preferimos a nuestros semejantes

Diferentes estudios científicos han demostrado que, en nuestras elecciones personales tendemos a preferir a aquellas personas que se parecen a nosotros. Por ejemplo, una estudiosa de la universidad británica de Aberdeen realizó un experimento con la ayuda de sus voluntarios. Hizo que jugaran on line, teniendo que repartir la cantidad de dinero que considerasen oportuna a una serie de personas de las que tenían unas fotos como única referencia. Algunas de ellas habían sido manipuladas para que se acercaran más a los rasgos de los rostros de los participantes. El resultado fue claro: los voluntarios confiaban su dinero a las personas que tenían rostros más parecidos a su fisonomía.

Además, la mayoría de las personas ególatras y con un fuerte sentido de la vanidad prefieren establecer relaciones con parejas de rasgos similares a los suyos. Además, normalmente los vanidosos se embarcan en relaciones sentimentales arriesgadas y con mutua dependencia emocional. Pero destaca un dato curioso: normalmente, estas personas eligen a parejas con un atractivo similar, porque les parece que están en el nivel adecuado, pero nunca de atractivo superior, ya que no quieren ser rechazados.

Los problemas del egocentrismo

Para una persona vanidosa es fundamental saber qué piensan los demás de él. El problema es que no es fácil hacer suposiciones sobre lo que los demás creen de nosotros, ya que no siempre tenemos datos suficientes para saber cómo piensan. Por ejemplo, en el ámbito laboral una percepción egocéntrica de la realidad puede ser muy peligrosa, ya que las relaciones pueden verse deterioradas de forma seria.

Según una investigación realizada en la universidad de San Diego, la generación nacida después de 1982 es una de las que más sufre de vanidad. La razón es que se ha desarrollado en una sociedad narcisista, en la que importa mucho la opinión que los demás tienen de nosotros y cómo nos valoran. Algunos de estos jóvenes terminan desarrollando una personalidad vanidosa, que oculta en realidad un profundo complejo de inferioridad, causado por un rechazo de sí mismos, que acaba en un deseo de fulminar y maltratar a todo aquel que demuestre ser mejor que ellos.

Está claro que la vanidad en exceso deteriora todo tipo de relaciones y se presenta en todas las esferas de la vida. Pero la vanidad en su justa medida no es tan negativa. De hecho, la vida social está llena de vanidosos en el mundo de la política, el arte, el periodista… y todas aquellas profesiones en las que resulten adorados y adulados.

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