La vida es sueño

Dormir es necesario para vivir, de hecho, nos pasamos un tercio de la vida durmiendo. ¿Por qué?

Dormir, además de un placer, es una necesidad

Dormir, además de un placer, es una necesidad

Los seres humanos pasamos durmiendo, en promedio, una tercera parte de nuestras vidas. Pero, ¿Por qué dormimos? ¿Qué ocurre con nuestro organismo en aquellos momentos en que estamos dormidos? ¿Todos los animales duermen? ¿Dormimos siempre de la misma manera? Estas preguntas han mantenido en vela a los científicos durante siglos, y existen distintas teorías para explicar, al menos en parte, el universo del sueño.

Algunas explicaciones

Sabemos que dormir una buena noche es fundamental para tener un buen día. Experimentamos siempre cierto malestar si restamos horas al sueño, pasamos una noche de insomnio o alteramos nuestro ritmo habitual de descanso (por ejemplo, al permanecer en vela estudiando para un examen o bien viajando a un país varios husos horarios lejos del nuestro). Los científicos aún no logran ponerse de acuerdo en por qué dormir es necesario para nosotros. Lo que si se sabe es que el organismo sobrevive más tiempo privado de la comida que del sueño. Cualquier animal al que se obligue a permanecer despierto indefinidamente termina por desarrollar graves patologías y morir. De hecho, el privar de sueño a los prisioneros está considerado una forma de tortura.

Hay teorías que explican que el hombre es un animal diurno, y que el organismo se ha adaptado para dormir de noche para, de esta manera, ahorrar energía y no llamar la atención de posibles predadores. Pero, ¿por qué es necesario dormir? Se dice que nuestro cerebro requiere de las horas de sueño para recuperar la energía que ha gastado durante la vigilia. También hay científicos que sostienen que es cuando estamos durmiendo que almacenamos recuerdos nuevos: dormir, entonces, sería un componente fundamental del aprendizaje.

¿Todos dormimos lo mismo?

De ninguna manera, no todos los seres humanos requerimos la misma cantidad de horas de sueño. Mientras que un niño recién nacido pasa entre 16 y 20 horas dormido, un niño requiere descansar entre 8 y 9 horas, y los adultos, menos aún. Sin embargo, si bien una persona adulta sana necesita dormir un promedio de entre 7 y 8 horas, hay quienes se sienten bien con 6 horas y quienes necesitan 9. Estas pequeñas variaciones también son normales.

El ciclo de sueño también se altera según la época del año: en invierno tendemos a dormir más que en verano, no tanto por el descenso de la temperatura ambiente sino porque las horas de luz diurna son más cortas. El organismo recibe durante la noche la señal para descansar.

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