Las culturas preincaicas de la zona andina (Parte III – Final)

Tercera y última parte de la serie de entradas que tratan sobre las culturas preincaicas de la zona andina, lo que hoy conocemos como Perú y Bolivia, y que fue cuna de asentamientos de poblaciones cargadas de historia y riqueza cultural y artística.

Las culturas preincaicas de la zona andina se asentaron, además de la costa norte, como vimos en pasadas entregas, en la costa centra y sur y en la región del altiplano. Resulta interesante investigar sus características, puesto que han sido de gran influencia en el desarrollo del posterior Imperio Inca.

Las costas central y sur de las culturas preincaicas, centros de influencia

Corresponde destacar que el Imperio Chimú no fue la única cultura que habitó la zona andina. En la costa central hubo dos grandes centros, llamados Ancón y Pachacamac. El primero se encontraba en el valle de Chancay, cuna de una población muy antigua, y además corresponde a uno de los más importantes cementerios de Perú clásico. Gran parte de los tejidos peruanos que hoy adornan los museos del mundo provienen de las tumbas de Ancón, de las cuales miles fueron abiertas y sus tesoros extraídos.

Pachacamac, por su parte, era un gran centro religioso que siguió en pie hasta la época de los Incas. Los objetos de cerámica encontrados muestran una clara influencia de las culturas del altiplano, que veremos más adelante.

En la costa sur, extendida desde el río Mala hasta el Río Lomas, cuyos sitios más importantes son los valles de Pisco, Ica y Nazca, se desarrollaron importantes culturas. Ellas presentaron una calidad notable en la alfarería y los tejidos, con un nivel artístico elevadísimo, con telas de algodón, lana de llama y vicuña, y se desenvolvieron con destreza en las técnicas de bordado y tapicería.

El Altiplano, tierra de leyendas

En esta región, uno de los sitios más importantes es Tiahuanaco, que por mucho tiempo los arqueólogos consideraron la cuna de todas las culturas sudamericanas. En rigor, esto no fue así, y las culturas que allí vivieron solo formaron parte de una cadena de transformaciones que comenzaron antes de la época histórica. La verdad es que, al tiempo en que los chimúes y otros pobladores de la costa alcanzaban grandes logros en cuanto a sus productos y elaboraciones, en Tiahuanaco solo tenían unas cerámicas toscas, decoradas con simples figuras geométricas, con diseños rústicos.

Sin embargo, se produjo, en épocas posteriores, un verdadero apogeo de las culturas de esa zona, convirtiéndose Tihuanaco en un importante centro religioso. Allí, en una de las construcciones, el Calasasaya, una gran fortaleza de 135 por 130 metros, se encontraba la famosa Puerta del Sol, uno de los monumentos más contundentes que se hayan construido en toda la América antigua. En ella está esculpida, según se cree, la figura de la principal divinidad, Viracocha, de pie y con la cabeza rodeada de rayos, con cabezas de felinos y serpientes. La estructura era tan imponente que sus relieves fueron copiados por otros artistas de la zona del altiplano, por lo que su diseño se puede observar en otras construcciones.

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