Las escamas de un pez podrían inspirar sistemas de defensa

Una reciente investigación pone de relieve la existencia de un pez llamado «anguila dinosaurio», cuyas escamas constituyen un sistema de protección frente a los depredadores, que podría servir para la creación de sistemas de defensa aplicables al ser humano.

La investigación de nuevas técnicas para mejorar en el campo tecnológico se vuelve ahora hacia la naturaleza, inspirándose en los recursos y los sistemas de defensa de los seres vivos para desarrollar proyectos del futuro.
Es lo que ha sucedido con un estudio del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) que ha sido financiado por el ejército de Estados Unidos.

Un pez casi prehistórico

El objeto del estudio ha sido el Polypterus senegalus, también conocido como “pez anguila”. Se trata de una especie animal que vive en las aguas fangosas de la zona occidental de África. Se trata de un pez primitivo, cuyo origen se remonta a hace 96 millones de años, que también se ha llamado en ocasiones “dragón africano”. Sus escamas son similares a las que tenían los peces que existieron hace millones de años.
Además, tiene una aleta dorsal con nueve divisiones, y suele ser gris con el estómago blanco y las aletas con un tono amarillo, alcanzando unos 40 cm.

Escamas como sistemas de defensa
Sin duda, la característica más relevante de este pez es su piel, que podría compararse con una armadura. Sus escamas están constituidas por varias capas que permiten atenuar el efecto de una mordedura o de un ataque, evitando que penetre en los tejidos más sensibles, limitando los daños en la zona. A la vez, se trata de escamas de un peso ligero, para facilitar la movilidad del pez.

Los científicos que han realizado el estudio, recientemente publicado en la revista Nature Materials partieron del análisis de escamas obtenidas a partir de peces vivos. Las distintas capas se complementan para proteger el cuerpo del pez, que suele ser muy territorial y enfrentarse a miembros de su misma especie.
La capa exterior es más dura y resistente a la penetración de objetos punzantes (como pueden ser los dientes), la segunda, más suave, disipa la energía; la tercera serviría como una nueva protección frente a los mordiscos y la última es la capa basal ósea.

Durante el estudio, las escamas fueron sometidas a distintas simulaciones de mordeduras, para comprobar su capacidad de defensa. Por ejemplo, los científicos pudieron comprobar durante la investigación que el diseño de las escamas impedía que el daño realizado por un ataque se extendiera por toda la escama, y se reducía simplemente a un círculo en la zona afectada.

Sin duda, las conclusiones obtenidas del estudio plantean muchas posibilidades para aplicarse en “sistemas de protección para humanos”, según han indicado los miembros de la investigación.

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