Masanobu Fukuoka y la revolución natural

Masanobu Fukuoka fue un agricultor japonés que revolucionó la forma de trabajar la tierra: siendo uno con la naturaleza y acompañándola en lugar de castigarla, obtuvo resultados impresionantes y dio paso a corrientes renovadoras como la permacultura.

Comenzó todo en Japón, hace 70 años, cuando Masanobu Fukuoka cumplía 25. Entonces era microbiólogo, especializado en la ciencia de suelos, y trabajaba como investigador en la materia. Desencantado con la actividad, Masanobu Fukuoka retornó a su tierra natal, la isla de Shikoku, donde se dedicó al cultivo de naranjas mikan orgánicas. Allí desarrolló un sistema de agricultura orgánica, para el que no se precisan pesticidas ni fertilizantes de ningún tipo y que también implica una filosofía radicalmente distinta a la que por esos tiempos ganaba la batalla: la agroindustrialización a gran escala.

Una visión de la naturaleza

A los 25, Masanobu Fukuoka comenzó a dudar de los procedimientos de la agricultura moderna. Después de la Primera Guerra Mundial, y con mayor fuerza a partir de la Segunda, cuando Estados Unidos comenzaba a tomar el liderazgo a nivel mundial, intentó -con éxito- imponer una cultura del cultivo altamente industrializada, a base de fertilizantes y métodos en gran parte antinaturales.

Ya en los años 40, paralelamente, comenzó a surgir el movimiento de agricultura y jardinería orgánica en Europa y Estados Unidos, de la mano de Eve Balfour, Sir Albert Howard y JI Rodale. Fukuoka, sin embargo, creía estar un paso más adelante: decía que el cultivo orgánico, si bien era un avance, seguía pareciéndose a la agricultura de tipo científica en el sentido de que los dos eran básicamente científicos en su manera de tratar la tierra, y la separación no quedaba entonces del todo clara.

Un método revolucionario

Masanobu Fukuoka empleaba, entonces, lo que él mismo denominó «agricultura natural». Ciertos métodos que empleó, obviamente, eran válidos solo para Japón, su suelo y su clima. Sin embargo, lo que vale del sistema de Fukuoka es su filosofía: su esencia es que la agricultura debe procurar reproducir las condiciones naturales de la tierra tan fielmente como sea posible. Por eso, no existe en su método el arado, sino que la semilla germina en la superficie dadas las condiciones. Retomó también una vieja técnica china de bolas de arcilla: se introducen las semillas en pequeñas bolas de arcilla, barro y compost, y se esparcen las bolas sobre la tierra. Las lluvias deshacen el barro y luego la semilla germina, haciendo crecer una planta más pequeña pero más productiva y fuerte.

El sistema de Masanobu Fukuoka, que fue el germen de la permacultura, funciona a la perfección en la agricultura a pequeña escala, pero su autor afirmó en varias oportunidades que, sin embargo, este tipo de trabaj, que no necesita máquinas ni fertilizantes ni productos químicos puede generar una producción hasta mayor que cualquier granja promedio del Japón.

La filosofía de Masanobu Fukuoka, de todos modos, va más allá de la agricultura: en términos simples, habla de que la naturaleza es más que el hombre, y que todos los avances que pueda hacer el hombre, en la ciencia, la tecnología y demás, son nimios al lado de la totalidad de la naturaleza, y que los intentos de controlarla no solo son inútiles, sino autodestructivos.

Fukuoka nació en 1914 y murió hace menos de un mes, el 16 de agosto de 2008. Para muchos su muerte seguramente pasó desapercibida, pero eso es lo de menos. El mundo -ahora más que nunca- necesita de sus conocimientos.

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