Pensando la ciencia

La ciencia parece extenderse como un expreso en una sola dirección. Sin duda horada lejanías y transgrede horizontes, pero de la misma manera, deja muchas otras vías por explorar. Esa es la razón por la cual se torna imprescindible hacer un alto en el camino y comprender a través de diferentes voces, cual es el impacto que produce su vertiginoso desarrollo. Algunas relevantes figuras de la cultura han expresado su postura ante la ciencia y sus derroteros. Comentemos acerca de ellas, en lo que sigue.

Foto de la página web www.lindahall.org

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Ciencia, la magia de lo posible

Reflexiones anónimas hay muchas, en efecto, pero pocas tan valiosas como la que expresa que, la labor principal de la ciencia es tornar posible lo que podría haberse considerado como magia en tiempos pasados. Esto nos hace patente una singularidad de los discursos científicos. Al parecer no solo tratan de justificar ciertos paradigmas – de alto aprovechamiento pragmático- de la realidad, sino que además, procuran afirmar la validez de su justificación. La magia de ayer es la ciencia de hoy, pero, gracias a este gestar de su propio logos, la ciencia de hoy seguirá ciencia en el porvenir.

Creer y conocer

El geólogo Charles Lyell pensaba que la única distinción entre un hombre de ciencia y uno religioso es que el primero no creerá nada hasta que no pueda verlo, mientras que el segundo no verá nada hasta que no pueda creer en ello. Al parecer esta opinión de Lyell toca un punto importante en la manera de comprender el mundo que tiene el ser humano. Es factible sostener que todo conocimiento científico parte de ciertas premisas fundamentales, en cierto aspecto “dogmas”, por ejemplo, la validez universal de la racionalidad y de la lógica, tal y como lo hace un hombre de fe con referencia su visión teísta del mundo. Por lo tanto, ciencia y religión bien pueden estar más vinculadas de lo que se piensa. En el fondo, ambas no son más que los clamores admirables que tratan de manifestar su presencia en el universo. Son matices complementarios de una realidad que trata de dar cuenta de su propia infinitud.

El origen

El Beato Pio X se preguntaba con referencia a la gran explosión que marcó el inicio del cosmos. ¿Quién o qué, puso la materia y la energía para que esa explosión pudiera haber ocurrido? Por supuesto, la pregunta pronto se apagó y se olvidó. En cambio, el silencio que obtuvo como respuesta, tal y como el universo, perdura en su eterno estar.

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