¿Por qué somos agresivos?

¿Por qué somos agresivos? Acaso, ¿tenemos instintos agresivos o la agresividad se adquiere con el tiempo? Hoy responderemos cada una de estas interrogantes y veremos que la clave de la agresividad es una hormona sexual: la testosterona. Los que poseen un alto índice de ella son más propensos a ser violentos.

Estudios realizados recientemente en los Estados Unidos mostraron que la hormona sexual masculina está estrechamente ligada a situaciones de violencia, dominación y triunfo en los hombres. Pero no en las mujeres, cuyos niveles más altos de esta hormona son siempre inferiores a los más bajos encontrados en individuos masculinos.

Sin embargo, un investigador de la Universidad de Minnesota aclara que, “de estos resultados no sería correcto deducir que los niveles elevados de testosterona sean una condición absolutamente necesaria para que un hombre sea dominante o agresivo. En la determinación de las conductas entran en juego muchos otros factores. Y, por ejemplo, las mujeres pueden ser dominantes o agresivas como los hombres aunque tengan poca testosterona en su organismo”.

Sexo y conducta

Desde hace mucho tiempo se conocía, por parte de los investigadores, la relación entre la hormona sexual masculina y la conducta agresiva o dominante en distintas especies animales. Estudios realizados con monos babuinos lo confirmaban. Asimismo, investigaciones llevadas a cabo con grupos especiales de hombres, como presos o internados en hospitales psiquiátricos, también habían demostrado la misma correlación. Pero ahora se amplió la población analizada a varios miles de hombres tomados al azar, de acuerdo con las más estrictas normas de investigación estadística.

Los hombres con niveles altos de testosterona pueden ser descritos como individuos que tratan de influir sobre otras personas y dominarlas, que expresan sus opiniones sin rodeos y manifiestan su ira abiertamente. Siempre tratan de dominar a los demás, en cualquier tipo de situación en que se encuentren. Entonces, ¿somos agresivos?

Otros científicos señalan la importancia de la ubicación social del individuo para determinar sus conductas. “Hombres de clase baja con testosterona alta se manifiestan como peleadores, capaces de cometer delitos y presentan una historia infantil de enfrentamientos con padres y maestros. En general, presentan conductas sexuales muy activas y con frecuente cambio de compañeras, dificultades en el servicio militar, uso de drogas duras y delincuencia”.

En cambio, “hombres de clase alta con índices hormonales similares actúan de manera agresiva y dominante pero a través de conductas más adaptadas a las normas sociales, como conducir autos deportivos a altas velocidades y sin respetar las normas de tránsito, en vez de robarlos. Estos individuos se enfrentan con dificultades en su medio, porque no son suficientemente pacientes, por ejemplo para ascender poco a poco las escalas jerárquicas en las empresas”.

¿Somos agresivos?: Éxitos y derrotas

Asimismo, se ha podido comprobar que las situaciones de competencia, donde se gana o se pierde, la testosterona aumenta o disminuye en el organismo en relación con victorias o derrotas. Existe una marcada relación entre el triunfo y el nivel de testosterona, tanto en un partido de tenis, una carrera de natación o una partida de ajedrez. También en momentos de exaltación personal, como recibir un título profesional, una condecoración o un premio también aumentan la cantidad de la hormona en el organismo de esa persona.

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