Proyecto Emoto: nueva bandera de paz

Los pensamientos buenos o malos, las imágenes agradables o violentas, las palabras dulces o agresivas, la música armoniosa o estridente, todos afectan de una u otra manera nuestra existencia, nuestro ser. Eso es un conocimiento intuitivo que está presente en todas los pueblos y hombres del planeta. Pero desde hace unos pocos años, un grupo de investigadores realiza tareas para comprobar empíricamente esta influencia en el elemento natural más abundante de la Tierra: el agua. Y los resultados son notables.

El doctor Masaru Emoto es quién lleva adelante esta serie de estudios con el agua en su laboratorio del Japón. Su trabajo es tomar muestras de diferentes lugares de todo el planeta, congelarlas y fotografiarlas. La teoría que introduce el Proyecto Emoto es que se puede observar cómo influye la energía de la conciencia individual y colectiva en las moléculas del agua.

Su explicación es sencilla: la conciencia es energía que se traduce como vibraciones que modifican de una u otra manera las partículas atómicas del agua dándole forma. A esta energía él la llama HADO, la califica como la unidad más pequeña de energía existente; la relaciona con el “chi” presente en las antiguas doctrinas chinas como el Feng Shui y que a su vez esta relacionada con la fuerza vital que nutre a todo el universo.

Inicios

Las investigaciones comenzaron en la década del 90, luego de haber recibido el doctorado de la Open International University for Alternative Medicine de la India. A partir de observar los cristales de nieve, Emoto supuso que estos cristales también se formarían en el agua. Tomó muestras de algunas fuentes naturales cercanas y se propuso fotografiarlas. Para eso colocaba el elemento en potes que luego congelaba para después fotografiarlos con un microscopio en una habitación especialmente acondicionada a baja temperatura.

Los resultados se hicieron esperar, pero los cristales fueron apareciendo. Y a medida que aparecían Emoto y su grupo de auxiliares vieron que la forma y la belleza de los cristales se correspondía con el lugar de donde provenían. Así, una muestra de agua de manantiales naturales presentaba cristales armoniosos y bellos, pero el agua de grifo de ciudad, como el de Tokio, no producía cristales en absoluto, sino formas desordenadas y caóticas.

Esto hizo pensar a Emoto que el agua mostraba diferentes caras según el lugar donde se hallaba. Y profundizó su investigación.

Mensajes del Agua

Emoto se decidió a recorrer distintos lugares del mundo para recolectar muestras de agua para investigar. Los resultados eran los mismos: a fuentes naturales, cristales armoniosos; a grifos o fuentes contaminadas, imágenes amorfas. Supuso que estas fuentes estaban influenciadas por la belleza natural que las rodeaba y se propuso dar un paso más.

Tomó muestras de agua destilada y las sometió a diferentes estímulos, esta vez no de la naturaleza, sino de la música, las palabras y hasta los pensamientos. Y descubrió cómo esto también influenciaba a las moléculas del agua. Expuestos a música clásica, como Mozart o Beethoven, las imágenes reflejaban cristales bellos y armónicos, mientras que cuando se sometía al agua destilada a música estridente como el heavy metal, esta no presentaba cristales en absoluto y reflejaba mas bien una composición amorfa y desintegrada.

Lo mismo sucedía con las palabras. Expuesta a términos como “Gracias” o “Amor y gratitud”, los resultados eran bellos cristales de agua; en cambio, cuando las palabras eran “Te odio” o “Me das asco”, los resultados eran imágenes caóticas.

Estas investigaciones lo llevaron a editar en el año 1999 su primer libro “Mensajes del Agua”, con el que abre una serie de varios en torno al agua, y cómo esta influye en el hombre.

El poder curativo del agua

Al advertir cómo una fuente externa influye en el comportamiento del agua, las investigaciones de Emoto lo llevaron a probar si era posible cambiar las moléculas de un agua amorfa, como la de un grifo de ciudad, a partir de someterlas a música, palabras y también rezos o plegarias. Y los resultados fueron alentadores. Una muestra caótica, que no estaba cristalizada, luego de exponerla a estímulos positivos, comenzó a formar los cristales. Comenzó a curarse.

Sabiendo que el agua en el hombre -y también en el planeta Tierra- constituye cerca del 75 por ciento de su cuerpo, y que el agua, después de un proceso de exposición a plegarias o influencias positivas, puede cambiar y armonizarse, Emoto sugiere que el cuerpo del hombre, y también el de la Tierra, puede curarse a partir de sanar el agua que los constituye.

El Proyecto Emoto

Hoy día Masaru Emoto está abocado a una nueva tarea. El “Proyecto Emoto” tiene como finalidad regalar a todos los niños del planeta una edición infantil del libro “Mensajes del agua” como bandera de paz para las nuevas generaciones. La idea es simple: mostrarles a los niños de todo el mundo como los pensamientos, las palabras, las artes, pueden influenciar en el elemento vital del planeta y cómo se puede contribuir desde uno para que el mundo sea un espacio donde, en verdad, se pueda vivir en paz. Para eso apela a los niños quienes, como las aguas de los manantiales, todavía no están contaminados.

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