¿Sabes lo que comes? (parte I)

Los alimentos que consumimos pasan por un largo proceso hasta llegar a nuestras mesas. El problema es que muchas veces se ven contaminados con sustancias que, a veces, pueden llegar a perjudicar nuestra salud.

La comida no es solo comida Lo que comes no es lo que crees. Cuando llega a nuestras manos, o mejor dicho, a nuestras bocas, la comida viene cargada de fertilizantes, insecticidas… ¿pero somos conscientes de hasta qué punto? ¿Y en qué medida está regulado el uso de de estas sustancias?

¿Sabes lo que comes? Las cifras son alarmantes

En la Unión Europea se utilizan unos 168 pesticidas de forma legal, que poseen cierta toxicidad o son cancerígenos. El 78% de las naranjas que están a nuestro alcance en el mercado español tienen residuos de plaguicidas.

Y muchos de ellos llegan a nuestro organismo, de hecho, en el cuerpo de cualquier persona son detectables al menos 3 microgramos de metabolitos de piretroides, un pesticida artificial que se viene utilizando en todo el mundo desde 1949 como forma de controlar los insectos.

Las cifras se hacen algo más alarmantes si tenemos en cuenta que en todo el mundo, ningún laboratorio sería capaz de detectar la presencia de absolutamente todos los plaguicidas en las muestras que recogen. Incluso se desconoce la totalidad de productos que se utilizan en todo el mundo. Tampoco se conocen todos los efectos sobre la salud de muchos de estos productos.

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La acuicultura produce unos 50 millones de toneladas de animales marinos para el consumo, 40 millones de toneladas menos que la pesca. Parte del pescado que se pesca, va a parar a las empresas productoras de piensos de animales. Allí es procesado, y se le añaden antibióticos, hormonas, colorantes… hasta que llega a ser alimento de los peces que son criados en tanques o en redes en el mar. De esta forma, los elementos químicos se incorporan a la cadena alimentaria y, además, perjudican los océanos.

Por ejemplo, uno de los dos colorantes que se añade al salmón para que tenga ese tono rosado, el cantaxantin, es sospechoso de provocar afecciones oculares, por lo que está siendo sustituido por otro (del que se desconocen sus efectos)

Hay especies de peces, alrededor de 35, que han sido modificadas genéticamente, y en cada kilo de mejillones hay una cantidad, aunque muy pequeña, de TBT o tributilina, un biocida cuyo uso principal es su efecto antiincrustante en los cascos de los barcos. Esta sustancia puede llegar a debilitar el sistema inmunitario.

El conocido surimi, un derivado del pescado, contiene formaldehido, sorbitol y olifosfato, tres sustancias potencialmente nocivas, que pueden dañar las vías respiratorias y los ojos respectivamente.

Teniendo en cuenta estos datos, queda claro que el alimento que ingerimos viene acompañado de sustancias muy poco deseables. Pero… ¿existe alguna solución a esta situación?

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