Trabajo de equipo

Así como los seres humanos vivimos en una sociedad, también muchas especies de animales forman grupos cooperativos que les permiten sobrevivir. Conozcamos cómo se comportan algunas de estas comunidades.

Las abejas sólo pueden vivir en sociedad (fotografía: muslef)

Las abejas sólo pueden vivir en sociedad (fotografía: muslef)

Los seres humanos somos una especie altamente socializada. Vivimos en grupos muy grandes y cada uno de nosotros tiene una función específica: así como hay obreros de construcción, también hacen falta docentes, cocineros, pilotos de aviones y comerciantes, por mencionar algunos ejemplos.

Sin embargo, los científicos aún no han llegado a un acuerdo sobre hasta qué punto el comportamiento humano puede explicarse en los términos de la biología. De hecho, aún en las grandes ciudades, los seres humanos vivimos en pequeños núcleos reproductivos (llamados familias) que compiten entre sí por los recursos a nuestra disposición. De esta manera, la competencia está aparejada con el trabajo de equipo. ¿Qué ocurre en el reino animal?

La división del trabajo

Algunas especies, como por ejemplo las abejas, han evolucionado viviendo y trabajando en grupo, en una relación tan estrecha que se puede considerar a toda la comunidad como un “superorganismo”. En efecto, las funciones de recolectar el polen, fabricar la miel, reparar el nido, alimentar a las crías y reproducirse se encuentran tan diversificadas que cada individuo tiene características propias que lo diferencian de otros grupos.

La reproducción está a cargo de una abeja reina que es la encargada de perpetuar la colmena. Disposiciones similares se dan en las sociedades de las avispas, las hormigas y las termitas.

Buscando protección

Existen muchas nbso especies que viven en manadas. Uno de los motivos que impulsa a animales tales como los antílopes a vivir en grupos, aún cuando no exista una especialización de tareas, es la de brindarse mutua protección contra los ataques de los depredadores. En efecto, es más fácil que un león dé muerte a un antílope solitario.

En las manadas de algunas especies suele haber un líder, en general el más fuerte, que es el que tiene privilegio para reproducirse. Mientras tanto, cada individuo de la manada debe procurarse su propio alimento, y todas las hembras deben procrear.

Otro ejemplo de protección cooperativa lo dan los delfines, que viven en manadas de entre 15 y 60 individuos, en las que se ayuda a los más débiles, a los heridos, y también se cumplen funciones de vigilancia.

Muchos individuos, un solo cuerpo

Una especie como los corales presenta individuos que viven en soledad, mientras que otros establecen colonias que, en estrecha unidad, llegan a formar imponentes arrecifes. Cada individuo es un pequeño pólipo de pocos milímetros, pero los arrecifes –formados por la acumulación de cubiertas calcáreas de coral a lo largo de los años- pueden tener miles de kilómetros de longitud. Mientras que cada coral conserva la capacidad de reproducirse, muchas veces es difícil determinar dónde termina uno y comienza el otro.

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