Y esto también fue ciencia

La ciencia nos ha servido para cambiar nuestra calidad de vida en formas que nuestros antepasados no hubieran siquiera llegado a imaginar. Pero la ciencia también puede equivocarse, como lo ha hecho anteriormente.

Los mejores científicos son aquellos que destacan que toda teoría científica debe poder ser eventualmente falseable (y en todo caso, es cierta hasta que alguien pueda demostrar fehacientemente que no lo es). En efecto, conocimientos que hoy tenemos por absolutamente ciertos y válidos podrían ser ridiculizados por los seres humanos de un futuro no muy lejano. Si no, vean estos ejemplos de teorías científicas que hoy nos parecen absurdas, pero que sin embargo iluminaron las mentes más eruditas de aquellas épocas en las que se las tenía por ciertas…

La generación espontánea

También conocida como autogénesis, esta teoría sostenía que la vida vegetal o animal podía surgir de la nada, sin intervención de la reproducción, a partir de materia inerte. ¿Cómo podía explicarse, si no, que de un trozo de carne podrida surgieran moscas, o que un tomate se llenara de hongos al dejarlo mucho tiempo en el mismo recipiente? Por supuesto, esta teoría pseudocientífica está basada en una observación superficial que ignora el proceso de putrefacción. Así, aún cuando Francesco Redi -un médico italiano del siglo XVII- demostrara que no surgían las moscas en la carne colocada en recipientes herméticamente cerrados, la idea de que la materia inerte puede causar la vida no fue masivamente aceptada hasta Louis Pasteur.

La teoría de los cuatro humores

Los antiguos filósofos y físicos griegos y romanos sostenían que la personalidad y las emociones de los diferentes individuos estaban determinadas por la cantidad presente en su organismo de cierta sustancia (humor) generado por el cuerpo. Además, la salud dependía que estos cuatro líquidos (la sangre, la bilis, la bilis negra y la flema) estuvieran en equilibrio. Las enfermedades se explicaban como un exceso o un defecto de alguno de los humores. Fue Teofrasto el que equiparó las distintas personalidades con alguno de los humores: así, un ser colérico era el que tenía un exceso de bilis, uno melancólico el que tenía demasiada bilis negra, uno sanguíneo el que tenía demasiada sangre y flemático aquel al que le sobrara flema. Cada una de estas personalidades tenía sus características especiales. Esta teoría obsoleta hoy nos sirve para divertirnos haciendo tests en Facebook que nos muestran a qué tipo nos parecemos más, pero la medicina antigua y medieval se basó en ella durante siglos.

Lo importante de este tipo de teorías es que permitieron a los hombres de ciencia avanzar, buscando las respuestas a preguntas que surgían. En la actualidad, el hambre de conocimiento no ha sido saciada. Y quién sabe cuántas de las “grandes verdades” de hoy terminarán siendo anécdotas risibles mañana.

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